La muerte del comendador (Libro 2), de Haruki Murakami

20.03.2020

No sé si La muerte del comendador necesitaba de dos volúmenes, creo que con uno habría bastado. Ya dejé mi opinión sobre el Libro Primero en este espacio de reseñas y ya hace algunos meses que terminé el segundo, pero me ha sido algo difícil decidir qué escribir sobre él. La primera parte no me entusiasmó, quizá tenía yo las expectativas demasiado altas y eso muchas veces provoca decepción, pero es que el listón que, a mi parecer, había dejado el jaopnés con 1Q84 era altísimo.

En el segundo volumen, que sigue siendo algo frío, el autor se mete en el meollo de la cuestión, deja ir su fantasía como en la mayoría de sus otras novelas, con ese estilo suyo casi único (y digo casi porque seguramente otros autores y otras autoras usan la misma táctica) según la cual el aspecto fantastico e irreal se mezcla con el real como si nada, como si formara parte de la normalidad. Después de que en el primer libro el único elemento extraño fuera precisamente el comendador, ese personaje pequeñito salido de un cuadro, en el segundo aparecen nuevos personajes, la relación entre el protagonista con Menshiki, con la hija supuesta de este y su tía cobra un caliz distinto y aunque Murakami sabe llevar perfectamente a su ratoncito por dentro de su laberinto, a mi me sigue pareciendo un laberinto como de plástico, comprado en unas ofertas, con un protagonista con el que no he acabado de connectar ya que se lo mira todo como si no pasara nada, con apenas algunas reflexiones sobre lo extraordinario de lo que le está sucediendo y, sobre todo al fina, con casi ninguna parada para intentar entender qué sorprendente es que le pasen a uno cosas como esa (la salida de un cuadro de uno de sus personajes, la existencia de un túnel que conecta con el mundo de las ideas y los conceptos.

Resulta muy atractivo, en este segundo libro, la aventura de la niña en la casa de Menshiki, el viaje del protagonista a través del túnel, los homenajes que hace Murakami a la pintura y el arte japonés, a la música, a las técnica pictórica, etc. Por supuesto, también está la forma de escribir, pues Murakami es uno de los autores contemporáneos, al menos de los que yo he leído, con un estilo más depurado, con una capacidad narrativa incuestionable.

Pero con una fórmula que no parece hecha adrede para generar misterio sino por un concepto estético, la mayoría, precisamente, de misterios, no se resuelven del todo (ya ocurría en obras anteriores) y en este caso, envuelto en el halo frío que a mí me genera todo lo que sucede, eso me molesta ligeramente, no me es suficiente que simplemente la fantasía desaparezca, al menos en este caso.

¿Recomiendo La muerte del comendador? Sí, pero sin entusiasmo, la recomiendo porque la calidad del autor y de la obra son elogiables, porque teniendo en cuenta como está el mercado, que está mal debido a la tendencia de las editoriales de publicar más lo rentable que lo que tiene calidad (desafortunadmente, en el arte esto no suele ir de la mano) y que nos hacen pasar gato por liebre constantemente, teniendo en cuenta, como decía, cómo está el mercado, es de lo mejor que podemos encontrar por lo menos en cuanto a publicaciones a gran escala. Ah, claro, y si nadie se ha atrevido todavía con Murakami, debería empezar ya y este es un buen comienzo.