Las bellas imágenes, de Simone de Beauvoir

10.03.2020

Hace tiempo que no publico una reseña de algún libro y es que, sinceramente, hace tiempo que no topo con ninguno que me haya motivado en exceso. Sí, debería escribir también sobre esos, pero no lo he hecho, quizá lo haga más adelante. Por el momento, sí escribo sobre la mujer que dijo que "escribir es un oficio que se aprende escribiendo" y es que ella sabía de eso un rato.

Las bellas imágenes (1966) es una novela corta de Simone de Beauvoir que nos narra un fragmento de la vida de Laurence, la mayor de las dos hijas de la excéntrica Dominique, una familia bien estante del París de aquella época, con problemas de ricos, que diría alguien. Que si su madre se va a quedar sola, que si su padre (están separados) y ella no acaban de conocerse, que si tiene que dejar o no a su amante porque la atosiga, que si su hija mayor está recibiendo malas influencias de una amiga un año más grande... Laurence trabaja en una agencia de publicidad creando eslóganes, se gana bien la vida, de hecho podríamos decir que tiene todo lo necesario para lo que convencionalmente se cree que es necesario para ser feliz, pero no lo es. A partir de una fiesta en casa de su madre y la pareja de esta, Laurence empieza a mirarse las cosas de otro modo, a cuestionarse su felicidad y a intentar valorar lo que tiene y lo que le falta desde un punto de vista menos conformista: la relación con su marido, el trato con sus hijas, la situación de sus padres, su amante, su trabajo, la cultura, el dinero... lentamente son temas que van pasando por el tamiz de una mujer que empieza la edad en la que todavía eres joven, pero ya no lo eres.

Simone de Beauvoir escribe con delicadeza, pero sin perderse en florituras ni detalles, con un estilo sobrio a la vez que un vocabulario exquisito y provoca una mezcla de puntos de vista narrativos, pasando de la tercera a la primera persona casi indistintamente, para adentrarnos en lo que por una parte Laurence hace y por otra parte lo que piensa, cayendo en sus contradicciones. El posicionamiento de la protagonista va mutando con el avance de la trama, una trama que en otras circunstancias parecería secundaria de alguna obra mayor, pero aquí de lo que se trata no es de aquello que aparentemente sucede, pues apenas hay acción en la novela, sino de la evolución de la percepción del mundo a ojos de Laurence. El cambio evidente de cómo el personaje ve el mundo al inicio y lo ve después, se da en el inicio y cierre del libro, con dos fiestas superficialmente idénticas y lo vamos descubriendo, por ejemplo, en la relación con el amante o durante el viaje por Gracia que Laurence hace con su padre y en el que analiza la cultura.

El resto de personajes: Dominique, Jean-Charles, los amigos, no evolucionan a su mismo ritmo y, cuando eso sucede, también en la vida real, debemos preguntarnos si el mundo que nos rodea sigue siendo el nuestro o lo hemos adelantado o nos ha dejado atrás. La sociedad francesa costumbrista y de un falso progresismo, falso por cumplir todos los convencionalismos de la burguesía, es el trasfondo que la autora analiza a través de la mirada de la protagonista, alguien que primero no sabes que será la protagonista, pero llega un momento en que no ves a ningún otro protagonista posible.

Es una novela corta, como decía, en la que bien mirado casi no pasa nada, pero pasa todo, pues es la vida la que va sucediendo. Muy recomendable.