Lluvia fría, casi nieve

09.01.2021

Hace muchos días que no escribo una columna. Entusiasmado con la salida de mi primera novela publicada por un editorial, que no de la primera escrita, pero sí también de la primera realmente terminada si es que se terminan realmente alguna vez, volcado también en el inicio de otra novela nueva, envuelto en las festividades navideñas con lacito de Covid-19, he dejado a la Dórica, la Jónica y la Corintia algo abandonadas. O quizá todo lo anterior no sean más que excusas. Como las que me pongo algunas de estas mañanas cuando me he levantado más temprano para hacer ejercicio. Puedo culpar a mi voluntad, también: "¡oh, voluntad mía, cuánto te haces de rogar!", así, dramatizando un poco.

Mis hijos duermen en su habitación con sábanas limpias. Pasados los cristales que hacen función de ventanas sopla un viento considerable que mueve las ramas peladas de los plátanos, hace ondear con rabia banderas, remueve las plantas en los balcones, provoca mayor sensación de frío, como si tuviéramos poca y agita el plástico que cubre las bicicletas en el balcón. Ha llovido durante la noche y se ha mojado la ropa que tendía ayer. Es muy temprano y ya hay gente comprando en el mercado. Respecto a los niños, cada día debato conmigo mismo, y algunos días con otras personas, sobre si les estoy educando bien y creo que, aunque lo hiciera de maravilla, seguiría pensando que no, que puedo hacerlo mejor. El efecto secundario de las discusiones eternas sobre cómo les educas no venía en ninguno de los prospectos, ni en el del primer hijo ni en el del segundo. Ah, y en la habitación del fondo, sobre la mesa que instalé hace poco, tengo un puzle de 1500 piezas (un cuadro de Kandinsky) sin terminar, pero me falta poco. Me habrá llevado más o menos un año completarlo, no porque sea un incompetente montando puzles, que también, sino porque es algo que no me entusiasma demasiado. Una amiga mía me dijo que montar puzles es de personas tristes. Es su opinión.

Dicen que hoy lloverá todo el día y que mañana también. Está nevando en muchos puntos geográficos cercanos, pero no aquí. Puestos a llover, podría nevar. Creo que la nieve tiene en común con el mar que en ambos hay que tener algún trauma muy gordo o algún problema de atrofia mental para no encontrarlos espectacularmente bellos. Pero aquí no nieva, en cambio aquí sí hay mar. Me pregunto si la nostalgia aparece cuando mejor estás para recordarte que no estás tan bien o para remarcar que sí que estás tan bien. En mi caso se trata de una nostalgia cercana. El tiempo pasa demasiado aprisa incluso cuando pasa despacio. Ayer, mientras seguía con el puzle, me vino el pensamiento que cualquier tipo de cosa que hacemos para "pasar el rato" (desde montar un puzle a mirar una serie, por poner dos ejemplos de cómo yo paso el rato) son formas de perder el escaso tiempo que se nos da para vivir. Cierto es que si no tuviéramos esos momentos de distracción, la intensidad de la vida nos acabaría aplastando, imagino. No se puede vivir con intensidad cada segundo, sería agotador, moriríamos todos muy jóvenes y a pesar del "day fast, die young" y de que podemos escribir cientos, miles de frases de consuelo y autocomplacencia sobre eso, en realidad todos y todas queremos llegar a viejos o viejas, morir precisamente de vejez, durmiendo en nuestra cama con los deberes hechos. Por deberes no me refiero a haber trabajado mucho, me refiero a haber hecho saber a la gente que te importa lo importante que es, no dejar marrones tuyos a las generaciones que te sobrevivirán y, como he escrito bastantes veces, poder mirar atrás y sonreír.

Unos días me preocupa lo irresponsable que me considero en ciertos aspectos y otros me preocupa que me preocupe ser irresponsable: tienes que trabajar más y mejor, tienes que vivir más y más intensamente, cuídate más, viaja más... más, más, más... ¡Cuánta ambición!

Ahora sí llueve fuerte, tengo que ir a por la ropa tendida.