Lo que es y lo que podría haber sido

09.12.2019

Tienes la sensación de que estás en un momento crucial en tú vida. Quizá todos los momentos lo son, no lo sabes, pero ésta sin duda lo parece. La cantidad de cosas que suceden y de cambios que se dan resulta abrumadora y los pensamientos negativos que te atosigan como mínimo una vez al día son simplemente producto de una mala digestión. Y es que han cambiado tantas cosas que depende del ángulo desde el que mires la vida que tienes cuesta reconocerte, reconocer lo que te envuelve y sentirlo tuyo. Fíjate que ahora escribes estas columnas casi siempre en segunda persona, como si estuvieras hablando contigo, cuando antes lo que hacías dependía más de cómo te levantabas. ¿Te está sirviendo esto como ejercicio de reflexión interior? Pues no era su objetivo. ¿Cuál es tú objetivo?

Creo que el objetivo que nos planteamos, lo que sería la misión de un personaje de novela, se mantiene estable durante mucho tiempo (mira, ya has cambiado de nuevo a primera persona), y lo que va mutando son los objetivos pequeños que componen este mayor. Mi objetivo en el fondo viene siendo el mismo desde que era adolescente, o quizá un pelo más adelante, los veinte o veinte y poco. El objetivo puede ser vital, profesional, personal, sentimental... Y en medio del camino que se sigue para llegar a esa meta, van pasando cosas. A nivel metafórico, sería avanzar por un camino en el que van apareciendo bifurcaciones, obstáculos, señales e indicaciones -algunas son de ayuda y otras no sirven más que para despistar- y otras personas que siguen sus propios caminos. A menudo te verás caminando por una senda distinta por la que querías ir, pero es que también a menudo, hay que dar rodeos o desviarse y llegar al objetivo por otro flanco, puesto que el camino que se había elegido es intransitable. Todo eso que pasa en medio, en el durante, es lo que marca la diferencia entre lo que es y lo que podría haber sido.

Lamentarse de decisiones tomadas o no tomadas no sirve de nada y eso se aprende a base de lamentarse mucho. Pero uno de los ejercicios que está entre mis favoritos es pensar qué habría sido de mí si... Dónde estaría ahora si... Más como un acto de persona soñadora que no de lamento. Por supuesto, algunas de las cosas que me hicieron desviarme o algunas de las señales que ignoré o que más que ignorar pensé que ya las seguiría luego, me hacen ver con claridad que todo habría sido muy distinto. No peor o mejor, distinto. Es posible que me repita pero ya sabéis la frase: cada loco con su tema. Algunas de las cosas que me han ido sucediendo, por razones obvias en ciertos casos y desconocidas en otros, se repiten con mayor asiduidad en este ejercicio de repaso del camino tomado y de los caminos no tomados. No tengo claro si se repiten porque son hechos en los que la decisión fue crucial, que marcó de forma preclara el camino tomado o simplemente por el hecho de que la memoria es caprichosa y juega con los recuerdos igual que una malabarista hace girar bolas en el aire o que un trilero esconde la bola y con sorprendente rapidez mueve los vasos para que no sepas dónde está, suponiendo que siga ahí.

Una de las cosas que he aprendido -y seguro que en otros casos se aprende exactamente lo contrario- gracias a ese repaso de lo que es y lo que podría haber sido, es a hacer más caso a los impulsos y los sentimientos que a la razón, sin dejarla nunca de banda pues algo de razón tiene siempre, la muy bandida. Los impulsos, o el instinto que no es lo mismo pero es impulsivo, rara vez se equivoca del todo. Falla, es cierto, pero no de forma estrepitosa o contundente, sino de forma reparable. Una persona a la que aprecio mucho hacía lista de pros y contras de todas las decisiones que tenía que tomar, de todas las importantes para ella. Yo no hacía listas pero me comía la cabeza de tal forma que me indigestaba igual que lo hace comer tantos cambios en poco tiempo (volviendo al principio para que parezca que está todo el escrito planeado). Raras veces la razón te lleva a hacer aquello que realmente sientes, lo que de verdad te apetece y ésta, en mi modesta y en realidad insignificante opinión, es una losa que llevarás encima mucho tiempo. Hacer lo contrario a lo que sientes pesa más que las posibles consecuencias de hacer lo que sientes y equivocarte. ¿Se puede considerar error si era lo que sentías que tenías que hacer? No lo creo. Si lo haces, por lo menos te quitas de encima la sensación de malestar que, seguro, te habría quedado por no hacerlo. La razón tiene razón, pero no sentimientos.


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