Loser

01.11.2019

He caído en mil trampas, he tropezado con tropecientas piedras, me he enganchado los dedos con innumerables puertas, me han caído cubos de agua helada al conseguir abrir algunas, he perdido al Monopoly incluso haciendo trampas, sigo sin ser bueno al ajedrez, he enviado mi novela a todos los sitios que he encontrado, he dejado perder a personas increíbles, he quedado como un idiota haciéndome pasar por listo, me he mostrado frío cuando necesitaba calor y he provocado incendios sin saber cómo apagarlos, he dejado pasar oportunidades increíbles y he guardado en algún lugar que no recuerdo otras que llevaba tiempo esperando, por no saber qué hacer con ellas o por tenerles miedo o por holgazanería. He evitado muchas veces mi mirada en el espejo, he mantenido mentiras que solo me perjudican aun habiendo sido descubiertas, he ocultado mis sentimientos a quién más necesitaba conocerlos y me los he negado a mí mismo. He ahogado sueños en peceras y he desperdiciado mi talento y el de otros, sea mucho o poco.

Tengo los bolsillos llenos de tiempo perdido, arena que me hará hundirme algún día en el mar.

Sin embargo, me siguen quedando razones para seguir luchando, para volver a levantarme, para nadar a contracorriente, para agarrarme a tablones llenos de astillas, para seguir bebiendo, riendo, bailando, soñando, comiendo, follando, mirando, caminando, pensando, deseando, aprendiendo, enseñando, escuchando, hablando, leyendo, oliendo, tocando, jugando, navegando, corriendo, saltando, queriendo, amando, buscando, ayudando, gritando, arañando, peleando, golpeando, escalando, bajando, sonriendo, agarrando, soltando, observando, errando, escribiendo, sintiendo.

Porque la vida no va de perder o ganar, no hay perdedores y ganadores, no hay triunfadores más que aquellos que se nos venden como eso. No eres rico ni famoso, no eres tan reconocido en aquello que amas como te gustaría. ¿Y qué? No eres feliz todo el rato, todos los días, algunos son tan malos que piensas que no es posible, algunas cosas te saldrán tan mal que no entenderás que has hecho para merecer eso mientras miras a otras personas que aparentan tener todo lo que desean, todo lo que deseas. Hay una frase deliciosa en Citizen Kane (Orson Welles, 1941): "Hay dos tipos de personas, las que consiguen lo que quieren y las que no se atreven a conseguir lo que quieren". Sí, de acuerdo, va en sintonía con el odioso sueño americano, con la relativa mentira (pero por lo tanto relativa verdad) del "querer es poder". Hay personas que quieren pero no pueden. Pero no tú, no te engañes. Sí, sí, estoy hablando de ti. La peor pregunta que puede perseguirte toda tu vida es la de si realmente has hecho todo lo posible para conseguir lo que querías. Y lo que quieres no tiene por qué tener nada que ver con el dinero, el poder, el éxito, la fama o el reconocimiento. Puede ser una persona, un animal, una planta, una piedra, un objeto cualquiera, una meta pequeña o una meta gigante. No digo que se pueda conseguir lo que se quiera siempre. Pero no conseguirlo y saber que fue por culpa tuya es peor que saber que no podías hacer nada más. Que de verdad no podías.

La sensación o, mejor dicho, la certeza de haber desperdiciado tu vida poco antes de morir, tiene que ser terrible. O quizá no, quizá te des cuenta de ello y digas: bueno, ahora eso ya no importa. El problema es si, haciendo lo que hagas, nada te parece suficiente y siempre tienes la sensación de que podrías haber hecho más, no en plan la penosa (por mala) última escena de Shindler's List (Steven Spielberg, 1993), sino por ese perfeccionismo, orgullo o autoexigencia que nos acompaña a menudo a muchos y muchas y que, como todo, un poco es buena demasiada es autodestructiva. Es cierto que el arrepentimiento, entendido como el pesar que sientes por haber o por no haber hecho algo, es un sentimiento bastante inútil, pero quizá solo en el caso de lo que ya has hecho. No puedes deshacerlo, quizá sí enmendarlo, pero lo hecho, hecho está, que dice la frase (vaya topicazo). Lo que no has hecho, si te arrepientes, igual puedes hacerlo ahora. Así como ejemplo y nota autobiográfica, explicaré que yo un día, no hace mucho, dejé el trabajo que tenía para dedicarme en exclusiva a escribir (en sentido amplio, no a escribir una cosa en concreto, aunque también); fue un tiempo en el que me sentí muy feliz a nivel de realización personal, dedicaba toda mi atención a lo que más me gusta hacer. No, no me salió como deseaba y sí, en parte es por culpa externa ya que es un mundo que ahora mismo está en guerra consigo mismo, pero tengo constantemente la sensación de que podía haber hecho más, de que no me dejé la piel en ello. ¿Es cierto? Supongo que pasa como lo de querer es poder, relativamente cierto y por tanto relativamente falso. Y no, no soy ejemplo de nada, era una muestra, pero como entonces no me salió aunque iba por buen camino, y como es lo que de verdad deseo, vamos a seguir luchando. Porque quizá el único que pierde de verdad (otro tópico), no es el que no lo consigue sino el que no lo intenta.


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