Máquinas como yo, de Ian McEwan

01.04.2020

El último libro que he leído es el último publicado de Ian McEwan, autor británico nacido en 1948 y autor de varias novelas y relatos y, por lo que llevo leído, uno de los nombres más significativos de la literatura en inglés contemporánea. Lo adquirí, el libro no al autor, en un Bibliobus, que es un servicio de bibliotecas sobre un autobús que va pasando por diferentes pueblos, demasiado pequeños como para tener una biblioteca propiamente dicha. No había subido nunca a uno y me pareció bastante curioso y lo tenían tan bien cuidado que no pude irme de allí sin tomar prestado un libro. De McEwan había leído ya, y me habían gustado mucho, Sábado (2005) y Solar (2010). Lo que más me gusta de este autor es su capacidad narrativa, el don que tiene para ir conduciendo la situación hasta un final concreto, como va hilando la historia y como va construyendo los personajes, creo que tiene un don para ello.

Máquinas como yo (2019) nos narra la historia, nada original por otra parte, de la aparición en nuestras vidas de la inteligencia artificial a través de unos robots humanoides, casi idénticos a la humanidad, llamados Adán y Eva. El creador de esta I. A. es Alan Touring, genio de las matemáticas que en realidad murió en 1954 después de ser apartado de su trabajo por su condición de homosexual. El trasfondo de la novela es en una Inglaterra alternativa a la de ahora, en la que algunas cosas no han sucedido y otras sí, entre ellas Touring sigue vivo y la Gran Bretaña perdió la guerra de las Malvinas. La trama se cuenta desde el punto de vista de Charlie, un hombre de 32 años que vive solo en un apartamento, debajo del de Miranda, con quien tiene una relación, y comienza cuando Charlie se gasta todos sus ahorros para comprarse un Adán. A partir de ahí, con la aparición de la máquina, todo cambia; no es un simple robot que hace las tareas sino que tiene inquietudes artísticas, dilemas morales y, además, se enamora de Miranda quien, a su vez, tiene tras de sí un suceso trágico que la ha marcado para siempre. La conviencia de la pareja con Adán y con un niño, Mark, que proviene de una familia desestructurada, es el quid de la novela.

Quizá hiciera mucho tiempo ya que McEwan tuviera esta idea en la cabeza y se le han adelantado otros, pero el hecho de que sea una idea vista muchas veces y que su planteamiento no resulte del todo novedoso, puede restarle -y de hecho lo hace- algo de interés a la obra. Ya hemos leído y visto cantidad de cómics, películas, series y libros sobre robots que adquieren sentimientos y suponen el dilema moral de si son seres conscientes con derechos o simples máquinas. Lo que aporta el autor es, entonces, su envidiable capacidad para contar la historia y para desarrollar a los personajes, pues tanto Charlie como Miranda están perfectamente construídos y su relación y como esta avanza, retrocede, vuelve a moverse, es soberbia. A su tiempo, los hechos que han marcado a Miranda, una vez expuestos, también confieren una trama importante, a mi modo de ver menos interesante de lo previsto; así como la relación de la pareja con Mark y el complicado proceso de adopción (y el complicado proceso de aceptar si quieres dar un paso tan importante en tu vida).

No sé si queriendo o solo es cosa mía, pero el peso que debería tener Adán en la historia, que es immenso, queda a condicionar de los hechos que se van desarrollando, es como la bisagra que abre las puertas o las cierra y como personaje queda algo desdibujado, digo que quizá McEwan lo hace queriendo porque queda algo frío y, al ser una máquina, toda su actuación -incluso el enamoramiento de Miranda- no deja de tener un deje frío, de actuaciones mecánicas que intentan humanizarse. Sí, es cierto que es Adán el condicionador de hechos, la pieza que va haciendo que se muevan las cosas (la relación entre Charlie y Miranda viene marcada por lo que hace Adán, igual que la adopción de Mark, el trabajo de Charle y la respuesta al pasado traumático de Miranda), pero es como si careciera de profundidad y eso, bien encontrado sin duda, es por el hecho de no tener pasado (como el mismo Adán dice) y que, condiciona también, lo que está pasando en el mundo sobre todo con las Evas.

Es un buen libro, se lee rápido y engancha, pero no es Solar y, repitiéndome y para acabar, esperas que siendo un tema tan tratado, tenga algo más original, pero no lo tiene. Sin embargo, merece la pena leer a McEwan (por mi experiencia), siempre.