McGuffin y narrativa

06.09.2018

Un McGuffin es un término inventado por el cineasta Alfred Hitchcock. Su concepto es muy simple: es aquel elemento introducido en la trama para hacerla avanzar, casi como excusa, pero que en el fondo no tiene más relevancia que su presencia en sí.

En Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994) los personajes principales se pasean con una maleta que brilla al abrirla, no sabemos qué hay dentro en toda la película a pesar de que es motivo de asesinatos y persecuciones. En realidad, la maleta sirve de excusa, no es importante qué hay dentro sino qué pasa a su alrededor. Este ejemplo visual es perfecto para ilustrar qué es un McGuffin. Por lo tanto, en una trama, podemos añadir elementos o detalles que nos sirvan para sustentar otra cosa: el amuleto del protagonista, un sueño de futuro, un personaje que va apareciendo y que usamos como subterfugio para dos cosas: distraer la atención del lector (o del espectador) durante unos instantes, generarle unas expectativas que hagan que mire hacia otro lado y así sorprender-le después; o para crear contenido que alimente a personajes o acciones, que aumente el interés en la trama en momentos en los que necesitamos explicar algo que puede resultar pesado, pero que con la aparición del McGuffin (que no debe ser usado al azar sino que aparece con un propósito claro para nosotros) se le despierta la curiosidad. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que un McGuffin no es un elemento central ni importante, en realidad, de manera que la trama que lo envuelve, que aquello que nos lleva a usarlo en determinados momentos, tiene que ser suficientemente interesante y relevante como para que luego el lector se olvide de él o de su importancia. Las cosas que pasan en Pulp Fiction hacen que uno se olvide de la maleta, más que para preguntarse al pensar en la película, qué debería haber dentro, sin ver en ello un fallo o un simple entretenimiento, una curiosidad. Si le damos una importancia excesiva, será necesario luego cerrar el tema de ese McGuffin, hacer saber qué era y para qué servía, cosa que en principio no es el objetivo de este recurso narrativo. Un McGuffin clásico de Hitchcock era que el espectador sabía que, tarde o temprano, era más que probable que él saliera en una escena, como extra, y estaba pendiente de eso, a pesar de que eso no dejaba de ser en realidad totalmente irrelevante, más allá de la curiosidad de encontrarlo.