Mirar hacia otro lado

01.07.2019

1 de julio de 2019

He mirado hacia otro lado y hay una pared. Blanca de cintura (la mía) hacia arriba, morada de cintura (otra vez la mía) para abajo. Mirar hacia otro lado es un deporte de riesgo, de riesgo para las cervicales y de riesgo porque no sabes si aquello que vas a ver será peor que lo que tenías delante. Pero miramos hacia otro lado constantemente y el riesgo no es para nosotros, es para aquellas personas o aquellas cosas que no se miran. Todos y todas vemos y/u oímos a diario hechos, noticias, escenas de un horror espectacular: niños/as que mueren de hambre y de sed, enfermedades que aniquilan poblaciones enteras, guerras sin justificar (si es que hay alguna que sea justificable) con cuerpos mutilados, escenas de dolor de madres y madres con sus hijos o sus hijas muertos en sus brazos, devastación de territorios forestales, fábricas que emiten un humo que lo mata casi todo, suciedad en rincones del bosque más bonito (latas, bolsas de plástico...), injusticias sociales y humanas, mentiras políticas de primer calibre, actos crueles cometidos por gente cercana sobre otra gente cercana, y podría llenar toda la columna solamente de ejemplos. Y miramos hacia otro lado.

La psicología llamó desensibilización sistemática a la técnica según la cual se acerca cada vez más al sujeto a aquello que le produce malestar, incluso reacciones fóbicas, hasta que el sujeto es capaz de dejar de sentir ansiedad hacia aquello. También es desensibilización sistemática lo que pasa con la violencia y las noticias diarias. Lo raro son las buenas noticias en los periódicos y telediarios, aunque esta tendencia se ha revertido un poco, antes escuchar una noticia positiva en la radio o verla en cualquier medio, sonaba incluso extraño. Sigue sonando extraño cuando después de hablarte de la corrupción o de la sequía o de un asesinato o una guerra, te dicen que, en otro orden de cosas, el hospital tal ha hallado una cura contra tal enfermedad o ha conseguido realizar con éxito una operación hasta hace poco imposible. El bombardeo de noticias negativas, de imágenes duras durante mucho tiempo, nos impermeabilizó, igual que se acaba impermeabilizando un médico ante la muerte o el sufrimiento de un paciente, o igual que les pasa a los y las profesionales de ciertas ramas sociales, ante la pobreza, la desgracia o la incapacidad. Miramos la noticia y decimos, para fuera o para adentro, algo parecido a "qué barbaridad" o "qué hijos de puta estos" o lo que sea, luego seguimos con lo nuestro. Hoy he comprado una ensalada en una tienda que se las da de ecológica, una ensalada preparada que, al abrirla, he visto que contenía seis (6) envases de plástico dentro: la tapa dura, la tapa blanda, la bandejita para tomates y picatostes, el bol para la ensalada, el tenedor de plástico y una especie de tubo con el aceite y el vinagre en su interior. Pero son ecológicos y venden a mamporro, tienen una cadena de productos de la huerta y platos preparados alucinante. Quizá parezca un ejemplo estúpido, pero me resulta significativo.

Durante el atentado de agosto en Barcelona en 2017, había gente que en lugar de ayudar se paseaba por allí grabando con sus móviles, mientras los demás estaban en el suelo sangrando y algunos le pedían ayuda directamente. Quién lo hizo consiguió millones de visualizaciones en Youtbue o Instagram o donde sea. El morbo vale, pero luego miro hacia otro lado mientras exclamo: "qué horror". Entiendo que alguien de una ONG grabe a niños arrastrándose por el suelo, muertos de hambre, para concienciar a la gente, me gustaría imaginar que ese alguien tiene preparada una ayuda para antes y después de los segundos durante los que ha grabado. Se tiene que mostrar el horror para dar a conocer que existe, pero nunca con el fin de conseguir otro beneficio. Si es para un beneficio propio, sigue siendo mirar para otro lado.

El problema, u otro de ellos, es que se nos presentan estas noticias como un hecho de trascendencia relativa, como algo lejano y que forma parte de un abanico de otras cosas en teoría importantes como el futbol o las declaraciones del presidente de una multinacional sobre la política nacional. No hay una denuncia en ese enunciado, no hay una actitud de "esto no puede seguir pasando y lo muestro para que veáis que nos movemos para evitar que siga pasando". No en los telediarios, ni en los periódicos ni las radios. Y si la hay, ocupa el tiempo que falta hasta que llega la publicidad. Que entiendo que hay que ganarse la vida, eso lo entiendo. Suerte que entre la enorme multitud se levantan personas que sí dicen que esto no puede continuar así y saben que si ellos no lo hacen no lo hará nadie. Puede que este sí sea el problema, que mientras una minoría piensa que si no lo hago yo no lo hará nadie, y tienen razón, la mayoría piensa que si no lo hago yo ya lo harán otros, y no la tienen, pero están mirando para otro lado.