Ni rastro de las ardillas

28.09.2020

Caen algunas hojas todavía verdes sobre el camino que se abre paso en el espeso bosque, compuesto básicamente de robles y encinas. Hay también de vez en cuando un arce o un cerezo de pastor, con sus frutos maduros coloreando la tierra y las piedras. La hiedra se ceba en el tronco de muchos árboles y sus lianas se balancean en un ondear armónico. Como siempre, busco restos de ardillas que sé que no se dejarán ver y levanto también la vista a la caza visual de los pájaros que cantan, quizá comentando la jugada de que alguien como yo esté en un lugar como ese. A los lados de la senda, crecen unas pocas setas que no sé identificar, las hay blancas del todo, blancas de pedúnculo y rojas de sombrero, de distintos tonos de marrón claro. Las hay grandes y secas, grandes y relucientes, pequeñas, solitarias y en manada. A pesar de que ha llovido recientemente no ha llovido suficiente, el terreno se ve más seco de lo deseable. Ni rastro de las ardillas.

Como suele pasar, después de casi tres kilómetros de subida me siento cansado y pienso ya en volver, pero como suele pasar también, como una señal, en ese momento llego a un cruce en el que se abren pistas nuevas. La más atractiva, también suele pasar, es la más pequeña y escondida, la que se abre paso como un túnel entre las ramas que se encuentran sobre el terreno, la más estrecha, verde y sinuosa. Vamos, me digo, un poco más y si acaso vuelves. Sin embargo, regresar por un camino distinto al de la ida me sigue resultando más atractivo, de manera que andando, ahora subida ahora plano, llego a los cinco kilómetros y ahora sí, me planteo que el retorno ya toca. Miro el mapa de la aplicación y veo que, si sigo adelante, encontraré una travesía que me permitirá hacer una ruta circular. Pienso que ojalá estuvieras aquí, pero es injusto que se permita al trabajo interferir tanto en la vida cuando tan difícil resulta que la vida interfiera en el trabajo. Ni rastro de las ardillas.

A medida que he ido creciendo, envejeciendo, madurando, evolucionando, cambiando o como se quiera decir, he aprendido a apreciar más lo que me envuelve y la naturaleza ocupa un lugar privilegiado. Mirar el mar, pasear por los bosques, seguir el curso de un riachuelo o quedarse admirando los rápidos de un río mayor; escuchar los sonidos de lo que es libre y sentirte parte de eso, tan satisfactorio como llegar y ver que no te detuviste a los tres kilómetros ni a los cinco. Se me empieza a hacer tarde, no porque oscurezca, sino porque me he ido alejando y quiero volver, me entra una impaciencia que hacía tiempo que no sentía, esa sensación de saber que lo que te espera es lo mejor del camino. Ni rastro de las ardillas.

Más tarde aprenderé cosas de los robles y de las encinas, del sotobosque, que palabra más bonita, y aprenderé porque no veo las ardillas. En una zona de especial espesor, oigo un ruido entre los arbustos y recorre mi cuerpo un ligero escalofrío. Como me salga un jabalí o algún animal que pueda sentirse amenazado ya verás lo valiente que me vuelvo. Igual solamente es un conejo. Durante una caminata encontré un erizo cruzando la senda, tranquilo, a su ritmo. Jabalís ha habido ya más de uno, incluso me topé con un zorro yendo en coche, que se quedó pasmado ante los faros que iluminaban aquella carretera de curvas que ahora apenas recorro ni a pie ni en coche porque apenas voy. Pero ni rastro de las ardillas. Aprenderé mucho luego y hay formas de aprender que son mejores que otras. Nada mejor que tener un profesor que disfruta explicando lo que te explica y, además, parece disfrutar explicándotelo a ti, en el lugar que toca, entre árboles. Ocasionalmente recuerdo aquel profesor de historia que parecía estar en éxtasi cuando nos contaba a una sarta de adolescentes en celo la Revolución Francesa y, en contraprestación, al profesor de Historia del Arte que te hablaba de la Casa de la Cascada o del Guernica con un hastío tal que te venían ganas de no volver jamás a sus clases, por suerte no consiguió que me hastiara el arte. Eso sería una tragedia. No entiendo a la gente que no se interesa por el arte (cualquiera de ellos) ni entiendo a la gente que no se interesa por la naturaleza. Mientras tanto, seguiré buscando ardillas.