No digas que lo sientes

10.04.2020

No digas que lo sientes si no lo sientes, no digas lo que sientes si no lo sientes. Un sentimiento no es algo, como dice el personaje radiofónico, no es algo baladí. Tenemos el privilegio de sentir. Tenemos el privilegio de que ciertos pensamientos conlleven ciertas emociones, con la intervención de la memoria y de la proyección de futuro. En la humanidad no existe la neutralidad y eso es bendición y maldición al mismo tiempo. Según la filosofía y la psicología, la función de un sentimiento es provocar una acción. Piensas en algo, esto te provoca un sentimiento y tal sentimiento te hace actuar, para paliarlo, para repetirlo, para aumentarlo, para erradicarlo, para compartirlo. Sentimos miedo y nos enfrentamos a lo que nos lo provoca o huimos de ello; sentimos lástima y buscamos consuelo o alegría; sentimos empatía y buscamos consolar o nos reímos por contagio; sentimos asco y apartamos lo que nos lo activa o intentamos cambiar lo que nos asquea.

Todos los seres vivos, aparentemente, tienen sentimientos o por lo menos aquellos con un cerebro relativamente desarrollado, quizá las plantas y algunos insectos minúsculos también, pero van en función de la memoria, a más memoria más sentimientos. O eso dicen. A pesar de su función básica para la supervivencia (hacernos actuar ante una situación adversa o favorable), a pesar de ser algo que se aprende sin querer y que no hemos pedido, es algo complejo que conforma el fundamento de nuestra existencia. Incluso las personas clasificadas como psicópatas tienen sentimientos, poco desarrollados o mal desarrollados, reducidos o escondidos, una empatía escasa, pero los tienen. Cuando decimos que alguien actúa sin sentimiento, es mentira, actúa con algún sentimiento que quizá solo se enfoca desde su vertiente negativa o egoísta o malvada (el egoísmo y la maldad no tienen por qué ir asociados) o lo que sea. Filosofía, piscología y neurología están de acuerdo en lo que decía más arriba: la neutralidad no existe en el ser humano. Y qué suerte.

Escribía la magnífica Montserrat Roig aquello de "dime que me quieres aunque sea mentira". Sí, es cierto que a veces lo que necesitamos oír es una mentira, y Goebbels que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, pero él no hablaba de sentimientos como sí hacía ella. Si te digo mil veces que te quiero seguirá siendo mentira si no te quiero, pero es posible que si te he visto y/o hablado mil veces te acabe queriendo, que el roce hace el cariño cuando no provoca el hastío, que son mutuamente excluyentes, pero pueden venir uno detrás de otro sin que casi te des cuenta. La felicidad es una lucha entre ir anulando los sentimientos negativos y multiplicando los positivos, por eso es efímera, porque detrás de un sentimiento siempre viene otro y a veces son tan opuestos que te preguntas, ahora que sientes eso, como es posible que antes sintieras lo contrario. Y a pesar de ello, de que la búsqueda de la felicidad es esto, a menudo nos vemos actuando de forma en primera instancia contraria a nuestros sentimientos: nos separamos de quien queremos a nuestro lado, nos juntamos con quien queremos lejos, decimos que lo sentimos o fingimos que sentimos algo para reconfortar o no contrariar o por la sensación de que mentir es mejor que intentar dar un rodeo. Me acuerdo en una ocasión, que una persona a la que apenas conocía me contó que alguien cercano a ella había muerto y yo iba a decir: lo siento. Pero no lo sentía, la muerte de esa otra persona a mí ni me iba ni me venía y lo que provocaba en mí la empatía de pensar que a esa casi desconocida el acontecimiento le provocaba dolor era otra cosa, pero no lo sentía, de manera que exprimí un poco el pomelo que tengo por cabezota y dije algo distinto a "lo siento", no recuerdo qué exactamente y quizá esto anule el ejemplo, pero me refiero a que con lo complejos que son los sentimientos y con la riqueza que hay (vale, no hay muchos, pero cada uno de ellos tiene tal riqueza de variedades que por muchas veces que sientas miedo, vergüenza, amor, alegría o lo que sea, nunca son iguales que la vez anterior, esto los convierte en infinitos), ¿por qué decimos lo que no es? Vale, no hace falta coger a la otra persona y pedirle que se siente para soltarle un rollo infinito, basta con esforzarse un poco y con tacto (con empatía hacia la otra), decir, por ejemplo, en lugar de "lo siento", algo tan bonito como "puedes contar conmigo" (suponiendo que sea cierto, ojo) o parecido. Me estoy liando, y eso no es un sentimiento, es una consecuencia.

Las mentiras piadosas, aquello que en teoría se dice para no herir a otra persona, en realidad las decimos para no herirnos a nosotros mismos y para huir de un sentimiento que nos afecta individualmente, de forma egoísta, para no enfrentarnos a la verdad que nos duele a nosotros. La palabra piedad en sí misma es un sentimiento de superioridad a no ser que sea lástima por empatía y, entonces, en lugar de sentir simplemente pena, actúes y hagas algo para disminuir aquello que convierte a la otra persona en instigadora de tu misericordia y disminuyas lo que le provoca dolor, así tú también te sientas bien. No sé si me explico. Si la evolución, hija de la Naturaleza y el Tiempo, nos ha dado tal profusión de sentimientos y maneras de expresarlos, hagámoslo sin mentir al otro ni a nosotras mismas, digamos lo que sentimos cuando lo sentimos y, si nos da cosa decirlo porque pensamos que esto infligirá más dolor a la otra persona, pues busquemos la forma de decirlo sin herir, que muchas tienen la manía o la ignorancia de confundir la sinceridad con la mala educación, el ser directa con el ser borde; e ignorancia no lleva a la felicidad, lleva a más ignorancia.