Palabras para Blas (sin conocer a ninguno)

16.09.2020

Hace tiempo que no escribo nada así que, ni que sea para escribir algo, escribiré un poco. Y como ya dije en una ocasión o solo lo imaginé (incluso no sé si sólo imaginé que lo decía), para ser sincero no voy a ser sincero.

Hace días, meses, que el gato de los vecinos no viene a visitarme. Las medidas que tomamos (los vecinos y yo) para evitar su traspaso de un balcón a otro han surgido efecto. Gracias a eso sé que la vecina se llama Susana. Yo puse una rejilla de goma que en realidad sirve para que la alfombra no se deslice, aunque sigue deslizándose, y ellos pusieron un churro de esos para que los niños jueguen en la piscina. Juraría que no tienen niños.

No limpio la casa muy a menudo, una vez por semana cuando estoy aburrido, puesto que únicamente me pongo a limpiar de verdad o cuando estoy aburrido o cuando me doy cuenta de que la casa necesita limpieza. O cuando vienen visitas. Me gusta este piso. No es magnífico, pero está bien. Es alargado y algunas de las habitaciones son trapezoidales en lugar de cuadradas o rectangulares, de manera que cuando sitúas, por ejemplo, un escritorio en una pared, queda perpendicular solamente de esa pared y en la esquina sobra espacio.

Tengo dudas sobre si debería escribir de mí en un lugar de acceso libre. También dudo de si a alguien realmente le interesará fisgonear sobre lo que escribo de mí, hay que estar tan aburrido como yo cuando me pongo a quitar los libros para sacarles el polvo (¿o me pongo a sacar los libros para quitarles el polvo?)

Soy consciente de que cuando no sé qué leer recurro a Shakespeare. Suena pedante, ¿verdad? Pero es cierto. Si al terminar un libro recorro mi biblioteca para ver qué leo ahora, de los pocos que me quedan que no he leído, algunos los paso por alto siempre, me dan pereza o simplemente no es nunca el momento adecuado para adentrarse en esa lectura. Entonces mis ojos y mis dedos, pues soy de esas personas que resiguen los lomos de los libros con el índice, se posan en las obras que tengo de Shakespeare y Othello, Hamlet y Macbeth han caído ya en mis manos unas cuantas veces. Sobretodo Othello, me gusta el personaje de Yago. Hamlet es una maravilla de la literatura y Macbeth viene en el mismo tomo que Hamlet, pero la verdad es que la última vez que la leí, imaginando que yo soy el actor que interpreta al asesino del rey de Escocia, no la encontré tan brillante como otras. El Rey Lear, que viene en el mismo tomo que Othello, por muchas veces que la lea, sigo sin entenderla.

En mi biblioteca hay libros muy buenos, verdaderas obras de arte de la literatura, y libros que si los perdiera o los regalara me dejarían espacio para otros nuevos. También tengo unos cuantos cómics y un estante con videojuegos. Sí, me gustan los videojuegos. Y los juegos en general, los de mesa, los de cama, los de patio de colegio, los de palabras. Si cambias el orden de las letras de palabras, te sale para Blas. Menuda tontería. El tiempo que pierdo en tonterías puede llegar a ser exasperante, para otra gente seguro, para mí no tanto.

Me queda poco dinero en la cuenta, el problema es que siempre me queda poco dinero en la cuenta porque nada más cobrar me succionan (sí, es la palabra correcta, Blas) el alquiler del piso, este que me gusta. Me gusta sobre todo porque está en pleno centro del pueblo, lo tengo todo cerca, o todo lo que para mí es importante tener cerca: las tiendas, la plaza del Ayuntamiento, la playa, el cole de los niños. Adoro a mis niños y me he sorprendido a mí mismo emocionándome al darme cuenta de cuánto los adoro. Y esto no es palabrería, Blas.

No conozco a nadie llamado Blas. Conocí a alguien llamado Blai, que es la versión catalana del nombre. En ambos idiomas me parece un nombre bonito. Mis hijos tienen nombres bonitos, yo tengo un nombre bonito, también. Los nombres son importantes sin serlo. Me explico: con el tiempo es inevitable que te identifiquen con aquel nombre. Si te llamas Alberto y a los cuarenta o cincuenta alguien sigue pensando que "te pega más José Luís", algo has hecho mal. El nombre es importante porque se asocia a ti, pero eso, en un proceso vital estándar, sucederá siempre, te llames Pedro o te llames Honorato. Por eso no es importante. No se trata de que haya nombres que no tengan personalidad, es la personalidad la que hace el nombre. No sé si me explico, pero sí sé que yo no me entiendo.

La cuestión era escribir algo, ni que fuera poco, porque llevo no poco sin escribir ni que sea algo. Palabras, Blas.