Pastelito

06.05.2019

Con la puta cogida por el cogote haciéndole una mamada, los pantalones y calzoncillos sobre la lámpara, todo sudado y con una camiseta de los Lakers y una gorra con trompa de elefante, el individuo aún tuvo los cojones de decirme que aquello no era lo que parecía. Dentro de mí empezó a formarse una bola de odio y desesperación al mismo tiempo.

Yo le amaba, Señoría, de verdad.

Había pagado a un detective privado para investigarle, para demostrar que los rumores eran mentira, que él me era fiel. Siempre había sido un hombre con éxito entre las mujeres y al comienzo la gente me decía que no me despistara, que era un vividor, que se casaba conmigo por el dinero, pero después el amor prevaleció, o eso me gusta pensar.

El maldito investigador hizo que me diera cuenta de la realidad cuando me invitó a subir al piso. La pareja de toda mi vida, que tan bien cae a mis padres, que tanto aprecian mis amistades, me era infiel en mi propia casa. La casa que papá nos pagaba. Yo le amaba, desde que nos conocimos en la universidad, con locura. En el momento de cogerle in fraganti con la puta me entró una ira que desconocía en mí hasta entonces. Por eso lo hice, Señoría. ¿Qué otra cosa, si no? Repetía: "créeme, pastelito, créeme". La puta salió corriendo completamente desnuda cuando saqué la pistola. Él se puso a llorar, me suplicó de rodillas, con la polla colgando, repitió mil veces que me quería, que lo sentía, que le perdonara.

Yo aguantaba el arma con fuerza, sabía que aquella imagen no se borraría nunca de mi memoria, podría perdonarle pero no olvidaría. Lágrimas de rabia se mezclaron con todos los buenos recuerdos, los mil regalos que le había hecho, el trabajo que había conseguido gracias a los papás. Y pensar que si el detective no me hubiera mostrado la verdad viviría engañada aún.

Y él lloraba y suplicaba: "créeme, pastelito, créeme" ¿Qué quiere que le diga? Me dio lástima. Por eso, Señoría, maté al detective.