Patria, de Fernando Aramburu

14.01.2019

Cuando empecé a leer Patria no sabía que se trataba de un fenómeno o casi fenómeno literario del cual, entre otras cosas, se está preparando una serie televisiva. Sabía que había tenido su éxito y que hablaba del delicado tema de ETA, uno de esos temas que en otros países ya haría tiempo que se abordan con cierta naturalidad, pero que en el nuestro no se hace porque los miedos, los tabúes y la supuesta corrección política del "no ofendas a nadie" dura mucho más tiempo o, visto de otra forma, más que tener una mayor duración se procura mantenerlos ocultos o, como mucho, se cuentan "a modo de risa".

También informo de que previo a Patria acababa de terminar La broma infinita y que, por lo tanto, el precedente se lo ponía complicado (por estilo, por densidad, por grosor) a cualquier libro que se me pusiera en las manos.


Autor: Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959)

Esta edición: Tusquets, colección Andanzas

Volumen: 648 páginas

Género: Drama

Idioma original: castellano


Como decía, Patria es una novela que va de ETA. ¿Va de ETA? Sí, en cierto modo. A mí personalmente me ha parecido todo el rato que Aramburu basculaba alrededor de o navegaba por encima del tema político sin llegar en ningún momento a mojarse en absoluto, y a partir de eso el tema deja de ser tema para convertirse en excusa. El trasfondo, pues, de ETA, nos sirve para ver la vida de una serie de personajes, englobados en dos familias, que acaban siendo más ricos que la novela en sí misma, a la vez que en algunos momentos da la sensación de que todo es demasiado superficial.

Patria sucede en su mayor parte en un pueblo sin nombre del País Vasco, a poca distancia de San Sebastián (Donosti) en la que viven dos familias, ambas comandadas (por decirlo de alguna forma) por las madres-esposas: Miren por un lado y Bittori por el otro. Estas familias, y no hago ningún espoiler porque ya te lo cuenta la contraportada, están marcadas por el asesinato del Txato, marido de Bittori, a manos de un comando etarra. Una amistad de toda la vida se verá rota por la dicotomía política del momento, por la cárcel social que supone vivir en un pueblo pequeño en el que si no estás a favor de algo es que estás en contra de ese algo. Y Aramburu consigue crear un ambiente hostil para ambas familias, un escenario claustrofóbico. Dentro de éste, las familias crecen y maduran, con el sello en la frente de la muerte del Txato a partir de que es acribillado entre su casa y el garaje. La marca de ETA, la inclinación política, lo salipca todo y a todos.

La familia de Miren está compuesta por su marido Joxian, hombre entristecido y casi anulado por la suerte de su familia y el carácter fuerte e inflexible de su mujer, la cual se va volviendo más proETA a medida que su hijo mediano, Joxe Mari, se vuelve miembro de la banda; contrariamente a su hija mayor, Arantxa y a su hijo menor, Gorka, que se inclinan por otros caminos totalmente condicionados también por el hecho político.

La familia de Bittori está compuesta por el Txato, empresario próspero amenazado por ETA, y sus dos hijos: Xabier, médico soltero en continua crisis existencial y Nerea, un personaje algo inconsistente e incoherente a mi parecer, que a veces parece de una forma y más delante de otra, creando o creándome cierta confusión.

La novela está escrita además con un formato de escenas, de escaleta que se le llama, tan marcado que se compone de muchos, demasiados, capítulos cortos, con fragmentos de la vida de sus personajes, empezando por las dos mujeres y poco a poco adentrándose en y a la vez dispersándose por la vida de los personajes restantes. Esta forma de narrar la novela hace que uno no acabe de entrar del todo en ella, tan dividida que cuando empiezas a meterte en la piel de un personaje o de una situación el relato se corta para dar lugar a otro capítulo. Este formato puede ir bien si la voluntad del autor es demostrar lo partida que estaba (y quizá todavía esté) la sociedad vasca de por aquel entonces, pero a mí como lector me ha despistado y me ha enfriado, de forma que, como decía, no me ha permitido entrar del todo en la historia. Todo está contado casi a forma de anécdota salvo aquellos hechos que se repiten: la huerta de Joxian, las salidas en bicicleta de los dos padres de familia, la condición de amas de casa de las dos mujeres, el gato, la involucración de Joxe Mari con ETA, los problemas sentimentales de las hijas.

En mi opinión, la obra de Fernando Aramburu, opta de forma excesivamente simplista por la configuración de los bestsellers, es decir, contar muchas cosas de forma rápida y sin profundizar, convirtiendo a los personajes en relativamente estereotipados, de evolución más bien pobre (sí, ves cómo van avanzando por la vida, pero se cuenta de forma casi telegráfica). Con sus más de 600 páginas, estoy seguro que Aramburu tiene la capacidad de ahondar mucho más y quizá si no hubiera tanto sobre la vida de los hijos y se hubiera centrado más en el conflicto en sí, en sus interioridades y en lo que supone a los personajes (que sí, que se dice qué les supone, pero sin detalles, como noticias inevitables), yo habría disfrutado más.

¿Es una mala novela? No, para nada. Se lee rápido e incluso al final te emocionas un poco (señal de que algo han calado los personajes), pero te quedas con esa sensación de que con lo bonito que era el árbol la fruta sabe a poco.