Pero mira que eres tonta

15.01.2020

Esta mañana me ha ofendido, yo que me ofendo poco (no es sarcasmo), la actitud de una persona a la salida de la estación de tren. Sí, es una minucia en el fondo y en la superficie, pero me ha levantado esa indignación que me sobreviene a veces ante ciertas actitudes y que me despiertan unas ganas terribles de parar a esa persona y decirle: pero mira que eres tonta. No hace falta explicarle por qué, puesto que si no es tonta ya lo sabrá y si es tonta no lo entenderá.

El tema es que el mundo está lleno de gente con actitudes reprobables, pequeños detalles cotidianos que demuestran o bien mala educación o bien un egoismo supino o bien estupidez profunda. Otras personas tienen actitudes reprobables pero lo hacen disimuladamente, sin molestar a nadie más allá de el hecho reprobable, esto es, no añaden mala educación, egoísmo o estupidez a sus actos. Las hay que se cuelan en el tren de forma discreta, pasan detrás tuyo sin molestarte, a penas te das cuenta. Otra cosa es valorar si colarse en el tren, ya que es el ejemplo que uso, es reprobable o no, que tengo mis dudas, y yo pago más por miedo a la vergüenza de que me pillen y a la multa que por otra cosa. Independientemente de nuestro sistema de valores, considero como actitud reprobable aquella que te molesta u ofende directamente, los que se cuelan delante de ti sin mediar palabra, los que cruzan la calle corriendo, haciendo frenar a coches o que van con patinete eléctrico o bici por encima de la acera y consideran que ya te apartarás tú. Son solo modelos, no importa el hecho en sí.

He de decir que de los tres supuestos en los que incurren estas actitudes (parezco un abogado escribiendo así), el del egoismo es el que menos me molesta. ¿Eres egoista? Yo también, cada uno en su medida, por supuesto si te pasas encontrarás las consecuencias, buenas o malas para ti, espero que exista una justicia natural o divina que ponga las cosas en su sitio, aunque en realidad sé que no existe, asi que espero mientras hago otras cosas, por si no llega nunca, que no llegará. La persona egoista, por mucho que lo sea, va a la suya y por lo que yo conozco no es de las que más importuna al resto, pues importunarlas significa dedicarles atención y tiempo que requieren para si mismas.

La mala educación me molesta mucho, pero no es culpa en el fondo de la persona que la posee, ya que su educación durante los años de vida en los que se interiorizan la mayoría de valores corre a cargo de otros adultos, famiiares, profesorado, referentes... Por supuesto, a partir de cierto momento de la vida, uno se hace cargo de su propia educacón y puede aplicar cambios formándose, cultivándose, rodeándose o rodeando a personas referentes distintas a las que ha tenido de los 0 a los 18, por decir edades estandar.

En tercer lugar, the last but not the least, viene el que más me incordia pero quizá no debería ser este y es un defecto de mi egoismo o de mi educación: la estupidez profunda, esa en la que dudas de si esa persona es estúpida de nacimiento o la ha adquirido a base de concienzudo aprendizaje y de ambientes desfavorecedores o, debería decir favorecedores, por lo menos para el desarrollo de dicha estupidez. No es una estupidez en plan: mira, es una persona con un coeficiente itelectual bajo debido a una enfermedad congenita, no; es una estupidez debida a no intentar dejar de ser estúpido, lo que vendria a ser una mezcla entre borde, idiota e ignorante. Borde es optativo, no viene en el pack, es un extra por el que tienes que pagar un poco más.

Quizá sería necesario añadir un elemento peor que éste, que es el de la persona que acompaña a la estúpida y que se comporta igual que ella por simpatía o por estupidez de grado superior, es decir, es más estúpida que la primera y por eso la sigue, es su referente del que hablaba antes. Esta persona deja que la de estupidez inferior lleve la iniciativa y se limita a ir detrás con una sonrisa bobalicona o soltando comentarios monosilábicos que solo muestran la predisposición a ser el satélite, el banderín del guía turístico. Estas personas me recuerdan a la mosca que acompaña a algunos personajes de videojuegos, siempre un poco más atrás, un acólito incondicional, de fe ciega y no hay nada más tonto que depositar la fe ciegamente en algo, sin cuestionárselo lo más mínimo, sin plantearse otras opciones ni valorar las que no son iguales. Pero como en las películas, el secundario o la secundaria que sigue de forma incondicional al héroe o heroína, acaba muriendo por sacrificio o porque los héroes tienen un punto de egoísmo o no podrían ser héroes.