Por muy lejos que te vayas

03.11.2020

Relato basado en una propuesta de @ale2alfaro

La imagen es la de un autobús que se va y tú mirando por la ventana a una figura triste que se moja por una lluvia que solo está en tu cabeza y en la suya. Una estación de autobuses, grande, con gente que va y que viene, como en la vida. No hay charcos reflejando luces de neón de una ciudad en decadencia, ni paraguas multicolores o todos negros, da igual, cubriendo el suelo en la vista aérea de un helicóptero. No sabes si es de día o de noche, no hay una puesta de sol espectacular ni una salida de sol que cree destellos en el mar, puesto que el mar está muy lejos. Quizá, piensas, todo esto es solamente producto de cumplir con algo predestinado, doloroso, el peso de una condena llevada a cuestas tanto tiempo que te has olvidado de cómo se camina erguido. Puede que lo que resbala por su mejilla no sean lágrimas ni gotas de esta lluvia de attrezzo, igual están pintadas, como el fondo de la estación de autobuses. Y es que sabes que esta vez no volverás.

Cuando el autobús gira la esquina y la estación se muda al rincón de tu pasado, como en un videojuego antiguo las diferentes texturas de un presente errático y de un futuro indefinido se van dibujando por capas: primero líneas horizontales y verticales, luego colores primarios, después formas definidas y, al final, todos los colores. Pero sigue estando borroso, o son las lágrimas que no salen por rabia orgullosa u orgullo rabioso que lo emborronan todo. Es la mejor decisión, te dices, y lo escribes en el cristal entelado del transporte que te lleva a Algún Lugar, del revés, para que pueda leerse desde afuera. Te ves estampando contra la pared de la cocina una taza inexistente que tiene el mensaje de "Fue bonito mientras duró" en tipografía Comic Sans. Pero es que lo fue, joder, lo fue. Lo más difícil quizá sea que siempre tendrás la barriga llena de ese amor que te alimentó tanto y que cualquier nuevo manjar que intentes injerir se verá atacado, entre las paredes del estómago, por todo lo que de éste no has podido digerir.

No puedes remediarlo y miras atrás, una última vez, te prometes. La estación ya no está y es lo que queda atrás lo que parece marcharse, no tú, el autobús está quieto y el pasado es el que se larga. ¿Qué pasará ahora?, te preguntas, conocerás a nuevas personas en lugares viejos, sonreirás para darle aliento al presente y moverás los pies para tener la sensación de que avanzas, pero estarás en una cinta transportadora que te mantiene siempre en el mismo lugar, mirarás por las ventanas y el paisaje resultará invariable. Un molino gigantesco mueve sus aspas con las aguas pasadas, pero la energía que genera se pierde en el aire contaminado. Te vas sabiendo que en realidad te quedaste para siempre. Del amor no se vive. De los sueños tampoco. Una mujer sentada en el asiento enfrente de ti dice que era inevitable, pero cuando suspiras la mujer se desvanece y las palabras se convierten en el humo de un cigarrillo que parece atraído por la luz. ¿Era inevitable?

El autobús sigue recorriendo las calles, girando al azar ahora a la derecha, ahora a la izquierda. Todos los semáforos están en ámbar. Fue bonito mientras duró, era inevitable, pero jode. Ya no sabes si el día, o la noche, que la miraste durante muchos segundos fijamente a los ojos, sin parpadear, y le dijiste "siempre serás el amor de mi vida", lo dijiste de verdad o solo lo soñaste o es un recuerdo inventado. El amor es un estado de enajenación mental transitoria, eso ya lo dijo alguien antes que tú. Vuestros sueños conjuntos pisaban a vuestros sueños individuales. Los recuerdos de instantes vividos te van mordiendo las piernas como víboras y te pican los brazos como mosquitos transmisores de la peor enfermedad que existe que es vivir del pasado. Por unos instantes piensas en levantarte de tu asiento, gritar a la persona que conduce el autobús que pare, que tú te bajas aquí y correr por las calles llenas de charcos que reflejan luces de neón de flechas en dirección contraria para volver a la estación y decirle que esta vez sí, que no podéis dejar morir esto... Hasta que al llegar verás que en realidad todo ya está muerto, menos la sensación de que por muy lejos que te vayas, siempre seguirás allí.