Querido Tiempo

05.03.2019

Querido Tiempo.

Hoy debo pedirte algo y creo que tengo derecho, ya que no lo he hecho nunca antes. Al menos no tan directamente como hoy, como ahora. Quizá no sea muy apropiado empezar diciéndote esto, pero durante mi vida he soportado tus caprichos sin rechistar: tu lentitud, tus momentos muertos, tu pereza, tus prisas, tus ansias y tu mal humor. He seguido con paciencia y parsimonia tus avances sin mirarme demasiado al espejo, sin emitir más queja que algún chasquido al ver la aparición de mis canas y de mis arrugas y sin presentar denuncia formal ante mi agilidad decreciente, mi desmemoria creciente y cierta falta de evolución en algunos aspectos. He dejado que todas las heridas, rozaduras, cortes, arañazos, llagas, lesiones, ofensas, agravios, ultrajes, afrentas, penas, abatimientos, amarguras, aflicciones y pesares, sanasen según tu criterio, que considero justo y espero coherente (sinceramente, no me he parado a pensar en ello, solo he dejado que sucediera a tu discernimiento, mirando o sin mirar). He creído siempre que todo esto se compensaba de alguna forma dándome más experiencia, aunque no la encuentro, otorgándome más serenidad, a pesar de que se ausenta cuando le apetece, más aplomo, más sabiduría y, puestos a buscar compensaciones, más capacidad adquisitiva. Pero estos (el aplomo, la sabiduría y lo material), al igual que los anteriores (la experiencia y la serenidad), están sin estar. De la misma forma, he sido mero espectador de tu andar por mi felicidad, mis dichas, bienestares, suertes, prosperidades, venturas, fortunas, contentos, alegrías, bonanzas y satisfacciones, que las ha habido. Pero en este preciso instante, al igual que en los instantes que preceden a este, nada me parece más grave, más urgente y más necesario que lo que te pido hoy, lo que te pido ahora.

Mi demanda no es tanto por estas recriminaciones que son fruto sin duda del momento en el que vivo (un momento que es tuyo, como todos), sino más por el momento vivido. Necesito, Tiempo, que pases deprisa. Que los acontecimientos sucedan a una velocidad en la que apenas pueda darme cuenta, que la herida que tengo abierta en el pecho y que sangra profusamente se cierre lo antes posible. No quiero lecciones de vida, ya he tenido suficientes. No deseo un aprendizaje metódico y conciso. Quiero que arrases, que pases como un vendaval y arranques árboles y arbustos, enfurezcas al mar y las olas se lleven toda esta arena que se ha colado en mis zapatos y en mis bolsillos. Quiero que erosiones montañas y que lo hagas ya. Necesito que este tajo profundo que, curiosamente, abrí en canal yo mismo en el preciso segundo en que me di cuenta de cuánto necesitaba curar otras heridas, se cierre a golpe de aguja e hilo, me da igual que la cicatriz no quede bonita, me da igual que tenga que andarme con pies de plomo para que no vuelva a abrirse más adelante. Sí, sé y sabía ya por aquel entonces que la nueva y abisal puñalada haría que los cortes que tengo por todo el cuerpo se me olvidaran y en gran parte así ha sido, pero estás siendo flemático también en esto, Tiempo.

Pero en realidad no es por mí, no es por mí. Porque al clavarme el cuchillo salieron virutas de acero de la hoja afilada y se clavaron en dos corazones que no lo merecían, para nada, en absoluto, de ninguna manera, jamás. Y son estos los que necesito que sanes sin demora. Si quieres que mi herida siga sangrando durante un periodo más largo, que siga, pero las otras no, las otras séllalas para siempre, suponiendo que sea posible (y si no lo es, haz que lo sea).

Así que sin miedo a que las canas llenen mi cabeza por fuera, que por dentro ya está repleta de cosas útiles y de otras inútiles; sin temor a que las arrugas me cubran las comisuras de la boca o los márgenes de mi vista imperfecta, con la que no vi lo que debía hasta que fue tarde (bien sospecho que en realidad no quise verlo), aunque cada vez tenga más achaques, más dolores de espalda o que mis pies, malditos pies, insistan en ponerme difícil lo de caminar erguido por donde quiero; sin aprensión por todo esto, te pido que aceleres las agujas de todos los relojes, que agrandes el agujero por el que caen las arenas, que el Sol se desplace más ligero y la Luna cambie de ciclo con presteza. Tú, que dicen que eres el único médico infalible, el que lo cura todo, te exijo que ahora te muevas como no lo has hecho nunca, por lo menos para mí, que zurzas con manos de cirujano impecable las heridas causadas en otros por mi torpeza y que un santiamén sea una eternidad al lado de lo que tú vas a tardar en hacerlo.

Ah, y necesito que empieces ahora. Porque no sé si estoy triste o si estoy cansado, o quizá esté triste por sentirme tan cansado o cansado de sentirme tan triste, pero que esto solo me suceda a mí, no dejes que se canse ni esté triste quién no tiene la culpa de nada, en absoluto, de ninguna manera. Jamás.

PS: y una última cosa, querido Tiempo, y eso te lo digo por experiencia (ésta sí la he adquirido), no dejes que sus heridas se cubran de escarcha.