¿Quién está perdido ahora, Paraíso?

01.10.2019

Nunca he estado en el Paraíso. Concebido como metáfora, claro está, el otro no existe. He estado cerca distintas veces, creo, es una suposición. Al no haber estado nunca no puedo decir que eso a lo que me acerqué lo fuera, pero lo parecía, por las fotos y por las descripciones de otros que asegura haber estado. En mi mapa el Paraíso no salen, aunque afirman por ahí que está en todos los mapas y lo único que hay que hacer es no parar de buscar hasta que lo encuentras. Es igual que esos juegos en los que tu avatar avanza descubriendo parajes y paisajes, villas, castillos y ruinas, a la vez que se le van desarrollando distintas habilidades camino a convertirse en invencible incluso para el enemigo final. El paraíso quizá esté al final del juego, al final del camino. Cuando llegas no sigues caminando, de manera que es el final de todos modos. Así que, al mirar mi mapa, no lo veo y por lo tanto está perdido en algún lugar, entre montañas o en un valle, escondido por los árboles de un bosque espeso o en las profundidades de un mar o de un río, detrás de una cascada, dentro de una cueva.

Pero claro, el Paraíso sí debe de saber dónde está. El que no sabe dónde está el Paraíso soy yo, no es un Paraíso perdido. Y para perder algo debes de haberlo tenido primero. La gente no va perdiendo cosas que no tenía: he perdido esas llaves que nunca me dieron o he perdido el autobús que no me interesaba para nada tomar pues estoy andando tranquilamente sin destino alguno. ¿Estoy caminando yo tranquilamente sin destino alguno o estoy perdido buscando el paraíso o estoy buscando tranquilamente el destino de un paraíso perdido? Lo más probable es que no sea nada de eso y lo sea todo a su vez. Lo que sé es que miro el mapa constantemente porque no soporto la idea de andar perdido. En ocasiones me gusta vagar sin rumbo para ver qué encuentro, en otras necesito un punto de destino, un objetivo. Detrás de un objetivo siempre hay otro, el objetivo de un objetivo es llevarte al siguiente, puertas numeradas al azar a través de un pasillo finito. "Caroline, no vayas hacia la luz".

Así que, querido Paraíso, te quito el adjetivo de perdido y, en lugar de ponérmelo a mí, lo tiro con los ojos cerrados en el mapa y luego soplo para que no queden restos del lugar en el que está lo perdido. De hecho, ni siquiera te busco, Paraíso. Es decir, no eres real, ¿verdad? Y si lo eres debe de ser horrible llegar a un lugar en el que todo te parezca tan maravilloso que ya no necesites buscar nada más, es como un lavado de cerebro de una secta o como creer ciegamente en un político que defiende el genocidio o no condena una dictadura. Escalofrío. Como ser del Opus Dei y votar a la derecha. Doble escalofrío.

En realidad la gracia está en buscarte y saber dónde estás, imagino, para luego poder decidir que ya volveré más tarde o dar un rodeo para mirarte desde diferentes ángulos y una vez completada la vuelta pensar: ah, así que es esto. Entonces sí que dejas de estar perdido, tú y el que te buscaba. Debe ser apacible el camino de quien te ha encontrado y a pesar de eso sigue buscando otras cosas. Esos son los únicos que pueden perderte pues ya saben dónde estás aunque han pasado de largo. Es admirable sin embargo que se siga buscando otras alternativas, no otros paraísos ya que dos en un mismo mapa sería abusar y no resultaría creíble en ninguna historia, por fantasiosa que fuese. Si hay dos Paraísos es que no hay ninguno. Sí, tengo ahora el convencimiento que lo que te convierte en Paraíso es conocer todas las otras opciones, todos los otros destinos que se van descubriendo en el mapa, sino es imposible saber que tú, precisamente eres el paraíso y no otro lugar, otra persona, otra condición. O espera, quizá lo que te otorgue el distintivo de Paraíso es que quién te ha encontrado, por insistencia o casualidad, te considere como tal, aunque esté lejos del auténtico. Pero eso me plantea otras cuestiones: ¿el Paraíso es subjetivo e individual o es un concepto social impuesto en cada cultura?

Bueno, volviendo al tema, creo poder afirmar que yo no estoy perdido, pues o improviso o tomo un destino temporal, una puerta que me lleve a otra. No es tan importante saber dónde vas como saber que vas. Y tú, Paraíso, si quieres recuperar el adjetivo de perdido, aunque es probable que no lo hayas querido nunca, te recomiendo que vayas cambiando de lugar en el mapa, que a suertes o por un método científico vayas cambiando tus coordenadas, así ni tú ni yo sabremos dónde estás. Ninguno estará perdido, pero podemos jugar a que sí. Cuidado que voy. ¿A dónde? ¿Acaso importa?