Quizá

19.09.2019

Contemplamos la ventana, sin cruzarnos la mirada, y no vimos nada.

"Quizá el cristal esté sucio", dijiste. Y te pusiste a limpiarlo.

Olía a limpio y a tabaco para pipa de fumar. Pero seguimos sin ver nada.

"Quizá el cristal sea opaco", manifesté. Y abrí la ventana.

Entró un aire fresco, más bien frío, que nos erizó la piel. Pero seguimos sin ver nada.

"Quizá sea solamente niebla mañanera", opinaste. Y ambos nos pusimos a soplar.

La niebla se movió dibujando formas curiosas e incluso divertidas, pero seguimos sin ver nada.

"Quizá tengamos que esperar", sugerí. Y yo me senté en la silla y tú en el alféizar.

Pasó el tiempo mientras silencio y bruma jugaban a ocupar el vacío, seguimos sin ver nada.

"Quizá falte luz", expusiste. Y encendiste una vela aromática dejándola en el marco.

La llama tintineó, pareció extinguirse hasta que quedó estática. Seguimos sin ver nada.

"Quizá no estemos mirando bien", aduje. Y cambié de perspectiva, luego cambiaste tú.

Durante unos instantes las sombras fueron distintas, luego iguales. Seguimos sin ver nada.

"Quizá continuamos dormidos", conjeturaste. Y me pellizcaste a mí y yo a ti.

Se nos marcó en el brazo un rojo intenso que duró poco, como el tintineo de la llama. Seguimos sin ver nada.

"Quizá nos falle la vista", propuse. Y me fregué los ojos un rato, tú limpiaste tus gafas.

Pequeños centelleos y algunos parpadeos después, seguimos sin ver nada.

"Quizá no le gusta que miremos tanto", pensaste. Y desviaste los ojos hacia un cuadro, yo hacia un libro.

Te fascinaron los colores y los trazos del lienzo, yo me perdí en una historia imposible. No sé cuántos minutos fuimos raptados por creaciones ajenas, hasta dónde nos adentramos en mares de pinturas y de letras, de repente nos dimos cuenta que ya no podíamos distinguir los colores ni las formas y cuando volvimos la mirada a la ventana ya no había niebla, la vela se había apagado dejando su aroma a frutas del bosque flotando invisible en el aire y era todo oscuridad. Seguimos sin ver nada.

"Quizá deberíamos ir a dormir", propuse. Y nos metimos en la cama, el uno pensando en la niebla, la otra pensando en la noche, sin cruzarnos la mirada, y seguimos sin ver nada.