Resucitar a los muertos

19.07.2019

El otro día a mis hijos les dio por empezar a preguntar sobre enfermedades: que cuáles eran las más mortales, que qué te pasa si tenías cáncer, que si existe una enfermedad en la que te pasan no sé qué de cosas entre el gore y la snuff movie... Estas conversaciones, como muchas que he tenido los últimos meses con ellos, derivadas de los cambios habidos y por haber en sus vidas, suponen un ejercicio de moderación y paciencia pero, básicamente, de esfuerzo para hacerte entender y para decir la verdad sin causar traumas. Algunos traumas son inevitables (todos aquellos que vienen derivados de las decisiones de otros, por ejemplo, o de la muerte de seres cercanos queridos), incluso me atrevo a decir que algunos son necesarios, forman parte del crecimiento, de la evolución, de la pérdida progresiva de la infancia (saber que los Reyes no existen, entender que no hay dinero para ciertas cosas, romperse un hueso, sufrir algún rechazo, perder irremediablemente).

Mis padres se separaron cuando yo tenía tres años y no me acuerdo de nada. Me acuerdo de cuando me rompí la clavícula esquiando o de los dedos rotos jugando a baloncesto. Recuerdo una bofetada de mi madre y tengo la adolescencia grabada como los restos del acné, pero sin tener la cara marcada por el acné de la adolescencia. Creo imprescindible ser rebelde y contradictorio en la adolescencia. Para mí, como padre, sería traumático tener dos adolescentes obedientes y disciplinados, aunque sé que me arrepentiré de pensar esto cuando les llegue momento. Todos estos traumas, palabra que no me gusta usar pero es la más clara para enmarcar la definición de un "choque o impresión emocional muy intensos causados por algún hecho o acontecimiento negativo que produce en el subconsciente de una persona una huella duradera que no puede o tarda en superar", si algo he aprendido y os aseguro que he aprendido poco, es que no desaparecen mirando hacia otro lado, ni escondiéndolos debajo de la alfombra, porque siempre vuelven. A pesar de la pereza que da en algunos momentos, no obstante creamos que siempre habrá un instante mejor para enfrentarse a ello de nuevo y aunque la vista siempre se desvíe o tenga tendencia natural a desviarse del problema, la única forma de llevarlos a mejor, es enfrentándose a ellos.

De esta forma, simbólicamente, en ocasiones es necesario resucitar a los muertos, porque si resucitan es que no estaban bien muertos. Así, cuando un niño o niña tiene un trauma guardado, cuando sabes que ese trauma, si no es bien tratado, si no se venda o enyesa como se debe, dejará cicatriz para siempre o un hueso mal soldado que puede romperse al ejercitarlo demasiado, de manera que de vez en cuando hay que ayudarlo a sanar, quitándole la venda o siguiendo la otra metáfora, sacándolo de debajo de la alfombra o abriendo la tumba para ver si de verdad está muerto. Ese momento es doloroso tanto para el que mira la pierna rota como para el que quita la venda para volverla a poner luego, limpia y más firme.

Evidentemente, o es evidente para mí, si se saca el tema espinoso y hay una reacción negativa considerable por parte del niño o la niña, e incluso por parte del adulto aunque en otros términos, se tiene que valorar si era o no el momento, o si hay otras formas de sacarlo, puesto que tampoco se trata de revivir a los muertos matando a los vivos. Creo que la forma adecuada, o una de ellas o quizá equivocada también, es preguntar primero como está la herida, esperar la reacción, y sugerir la posibilidad de quitar la venda para limpiarla. Está claro que no todos sabemos limpiar heridas, es decir, tratar los traumas, y si tienes claro que no sabes mejor aprender primero o probar hasta que se sepa, pero no experimentando con el niño o niña, sino con uno mismo. No sé si me explico.

Podemos introducir el tema a nivel personal y genérico primero: "ya hace un mes que murió el abuelo, yo le recuerdo a menudo" o "tenía miedo que después de que papá y mamá se separasen esto afectase negativamente a tus notas, pero me alegra saber que no", y entonces esperar brevemente su respuesta y si no es de rechazo, continuar hacia la pregunta pasando de la introducción al nudo: "al abuelo le hizo mucha ilusión cuando fuimos a verle y ya estaba muy enfermo, le encantaba teneros en casa, ¿piensas en él a veces?" o "es buena señal lo de las notas, puede significar que a pesar de todo estás bien y ves que lo mejor es seguir adelante, ¿crees que es por eso?".

Por supuesto, esto son solo ejemplos y no soy ejemplo de nada. Pero como decía, cuando un muerto no está muerto del todo o se le resucita, o se le remata.