Russian Doll

16.05.2019

Me había quedado sin series, no literalmente ya que las hay a montones, pero si en el sentido de que no sabía por dónde tirar. En ocasiones las veo de una tirada y, en otras, paso largo tiempo sin ver ninguna. Así que decidí buscar recomendaciones por internet y era recurrente la recomendación de esta serie norteamericana, protagonizada por la aparentemente popular Natasha Lyonne, y digo aparentemente ya que no había oído nunca hablar de ella ni recuerdo haberla visto en ninguna otra serie o película; de hecho, es una actriz cómica que consiguió cierto crédito y prestigio (no me atrevo a aventurar cuánto) gracias a su papel en la serie Orange is the new black, que no he visto.

Lo que me atrajo de esta serie es su argumento y el factor que estaba enfocado desde otro punto de vista al habitual. Russian Doll narra en una temporada las peripecias de una mujer bebedora, fumadora, excéntrica y liberal que se queda atrapada en un día en concreto de su vida. Esto, que no es del todo original gracias a la sublime Groudhog Day (Atrapado en el tiempo) de Harold Ramis (1993) y que desde entonces se ha repetido algunas veces más en el cine y la tele, con distinta fortuna. Pues bien, cada vez que muere, Nadia Vulvokov (Lyonne) aparece de nuevo frente a un espejo en la fiesta de su trigésimo sexto aniversario. A partir de ahí, empieza su intento de descubrir qué sucede y por qué no avanza, viendo a demás distintas transformaciones a su alrededor que lo lían todo un poco más a cada capítulo.

La serie cuenta con un personaje protagonista bien encontrado, carismático y que despierta una simpatía singular, que seguramente para algunos es insoportable. El ambiente de la fiesta también es de lo mejor de la serie y las formas en las que muere llegan a ser hilarantes, así como las respuestas y reacciones del personaje. Russian Doll, sin dejar de tener un claro tinte de comedia negra y ácida, va dramatizándose lentamente al penetrar en las razones que pueden haber llevado al tiempo a encallar a su protagonista en el mismo día. El otro personaje clave de la serie es Alan Zaveri (Charlie Barnett, otro desconocido para mí), más gris y opaco aunque va ganando en profundidad y color y que es la antítesis de Nadia. Otra de las cosas buenas de esta serie original de Netflix es que no cae en moralismos ni en americanadas (cómo si hacía la peli protagonizada por Bill Murray, que para volver a avanzar en el tiempo tenía que dejar de ser, básicamente, un capullo integral). Quizá esta voluntad de no caer en moralismos hace que los personajes resulten relativamente planos, de poca evolución, y eso deja un regusto con toque a indiferencia cuando termina la serie. Es decir, es una buena serie, pero al final simplemente la dejas y pasas a la siguiente cuando apuntaba, a mi discreto parecer, más alto y quizá se le podía haber sacado más jugo. Sin embargo, es más que recomendable.