Señales

26.11.2019

He sido siempre y considero que todavía soy, una persona principalmente escéptica en referencia a todo aquello que habla de destinos, universos que confabulan y señales que nos llegan. No hablo de las señales viarias ni tampoco de las que pudieren haber dejado los extraterrestres en los campos de maíz, que no lo han hecho. Hablo de las señales que en teoría nos envía el universo o las energías o algún dios o diosa despistada y, hablaré también en otra columna próxima de las señales humanas, esas que yo nunca he sabido interpretar del todo. Seguramente no he sabido interpretar las segundas y como no me lo creo demasiado, no he visto las primeras de haberlas habido. Sin embargo, como todo cambia y las personas evolucionamos queramos o no, diré que mi escepticismo se ha ido debilitando ante algunas cosas que me han ido ocurriendo.

Como dicen algunas filosofías, algunas religiones y algunas religiones filosóficas o filosofías religiosas, las casualidades no existen y los accidentes tampoco, todo ocurre por alguna razón. Pensar así, lo reconozco, es bonito y hace que todo cobre sentido. Si uno se pone a analizar su alrededor, las cosas que le ocurren, se dará cuenta, como en las películas de Medem, que hay una cantidad de las llamadas casualidades que asusta. El hecho de que dos personas se encuentren en un mismo lugar en un mismo momento y suceda algo que las conecte (algo que se cae, un factor común, un cruce de miradas) es una posibilidad entre miles de millones atendiendo a todo lo que podría suceder en lugar de eso. Y no hablo de amor, que también, me refiero así en general. Si uno se pone a analizar su historia, verá que ha llegado hasta aquí, le guste estar aquí o no, por una serie de factores sucedidos en cadena, enlazados de alguna manera ya que, de no haber sucedido uno, el otro no habría pasado. Si no hubieras perdido el autobús, no habrías llegado tarde y por lo tanto no habrías quedado fatal para la entrevista de trabajo que le dan a otra persona y tú no habrías acabado en un lugar totalmente distinto, no tiene por qué ser mejor ni peor.

Me pongo yo mismo de ejemplo. Si analizo las cosas que me han pasado, me doy cuenta de que esa cadena de acontecimientos es cierta y sí, ya sé que podemos decir aquello de que es cómo funciona la vida, pero entonces no nos pongamos a decir que la vida funciona por casualidades y azar. Sigo pensando que sí, que hay el azar por en medio y que buscarle tres pies al gato a todo es agotador y a veces suena a cuento chino. Pero está claro que si no hubiera pasado A, no habríamos llegado a B. Y a fecha de hoy, gracias o por culpa de personas afines en la actualidad, he cambiado mi manera de ver esos sucesos y quizá por alucinación o por aburrimiento (o por una combinación de ambos factores), en muchas ocasiones pienso que en realidad sí recibimos señales. El domingo escribí en un texto de acceso restringido y hablé de una persona de la que hacía meses que no sabía nada; a la mañana siguiente, esta persona me envió un mensaje proponiendo hablar un rato. ¿Eso es casualidad? Joder, pues es como una casualidad muy fuerte. Es como si yo, al pensar y escribir sobre ella, hubiera enviado alguna especie de energía que ella recibiese, la hiciera pensar en mí y decidiera escribirme. Mientras hablábamos por teléfono y parecía que no teníamos nada que decirnos, una ola (pues estaba paseando junto al mar en ese momento) salpicó suficiente como para mojarme y eso quitó la tensión a la conversación, o al menos me la quitó a mí, y todo fluyó mejor hasta que, de repente, se fue la cobertura cuando ya estábamos terminando de hablar. Igual es que los efectos de la marihuana fumada durante mi adolescencia y juventud hacen efecto ahora o que el incienso que uso lleva componentes químicos peligrosos, pero estos acontecimientos me dieron y me dan mucho que pensar, y como ya he estado pensando en eso antes, se ha reavivado. ¿Por qué justo ahora que estoy en una crisis creativa importante cae en mis manos, por encargo, un libro que empieza a aportarme una cantidad de ideas brutal y que me ha devuelto la inspiración perdida? Es un libro de la carrera de Arqueología que leo para personas ciegas, a mí la arqueología no me interesa más allá de las películas de Indiana Jones o Lara Croft.

Supongo que es más fácil decir que es casualidad y no pensar más en ello, pero eso me lleva a tener la sensación de que en realidad siempre se procura que no pensemos demasiado en ciertas cosas. En África se mueren cada día niños y niñas por el hambre y las enfermedades, pero pasemos a hablar de futbol. No pensemos demasiado en ello. Más de 1000 mujeres muertas a manos de sus parejas o exparejas desde que se contabiliza la violencia de género, pero montemos un numerito para que no se hable más de ello. No, no creo que el sistema o los partidos políticos estén interesados en hacernos dejar de pensar en las señales de las que hablo o en la posibilidad de que las casualidades no existan, pero... Y claro, hay muchas cosas de las que suceden o me suceden a las que no encuentro esa conexión y, claro, hay la presencia del azar (una cosa no quita la otra), de esos factores que no podemos controlar, pero que nosotros no podamos contralarlos, no significa que estén metidos allí sin ton ni son. O sí, qué sé yo.