Sereno, como la noche

28.11.2006

Él es un hombre sereno, como la noche.

Toma otro trago del vino caro que ha comprado para la ocasión. Sentado en la terraza con vistas a la ciudad, contempla un rato la elegante copa de vidrio trasparente a través del cual, ligeramente deformado, ve el telescopio que ella le regaló hará un año y que, a parte de los primeros días, casi no ha tocado. Muy de fondo se oye moverse la ciudad. Deja la copa, no sin antes volver a mirar el reloj y comprobar que pasa ya media hora de la hora acordada.

Es un hombre sereno, como la noche, que tiene la capacidad de mantener la tranquilidad en los momentos complicados. No quiere caer en los celos, siempre los ha visto como la trampa de los débiles. El móvil descansa al lado de un plato vacío. Ya la ha llamado hace unos veinte minutos, ha dejado un mensaje en el buzón de voz, ha escrito algunos mensajes. Si no le llama ella es debido a la falta de cobertura o porque no lo ha visto o ¿por qué no puede? ¿por qué no quiere?.

Su relación fue declarada abierta y libre de ataduras ahora hace unos meses, en el momento álgido, riendo encima de la alfombra después de hacer el amor. A pesar de eso, una partícula de temor se pasea frente a él como una mosca. El tío con el que ha quedado antes de venir es un pesado que le tira los tejos desde hace tiempo, ella siempre le ha rechazado. Se pregunta de qué tiene miedo, no contesta porque no puede. Quizá un accidente, una desgracia.

Se levanta al notar que pierde los nervios. Recoge los platos y el salvamanteles de fieltro. Se llena la copa otra vez.

El móvil se enciende, llaman. "Ojalá sea del hospital". Se da cuenta de lo que acaba de pensar, ¿prefiere imaginarla herida antes que en manos de otro? ¿Tanto miedo le da perderla? Es ella. Descuelga. Ha habido problemas con la catenaria, se ha quedado el tren en mitad de un túnel, sin cobertura.

Él es un hombre sereno, como la noche.