Sobre ruedas

17.06.2019

17 de junio de 2019 (especial homenaje, fin de temporada, a un pequeño gran equipo)

-Yo quiero hacer hockey -dijo el pequeño, seis años recién estrenados cuando, acabados de salir de casa íbamos andando en mi formación favorita, en la que yo voy en medio y cada uno de los dos niños van a mi lado, dándome la mano.

Esta no es la formación habitual, la habitual es el mayor unos metros por delante, con cierta impaciencia, y el menor unos metros por detrás, con demasiada paciencia y yo en medio, pidiendo al primero que se espere y al segundo que se dé algo más de prisa.

-Yo también -respondió el mayor.

Después de los fracasos, aunque considerarlos así dice muy poco a favor mío, del baloncesto, la natación, el inglés y el dibujo, todas las opciones de actividad extraescolar estaban abiertas. Alabé el hockey recordándoles que uno de mis mejores amigos juega, que su abuelo jugaba, a la vez que les hice memoria de la imagen recurrente de nuestros vecinos, adolescentes, yendo para el pabellón con aquellas bolsas gigantescas en una mano y los largos sticks en la otra. Les hablé de lo bonito de este deporte en equipo, de lo poco corriente que es y a la vez les hice ver que uno no había patinado en su vida y el otro apenas se aguantaba sobre las ruedas. Les dio igual, querían probar. Les advertí que si empezaban, no podrían dejarlo a la primera que se cansaran. De eso hace dos años, vamos para tres. No se han cansado.

Después de un primer curso aprendiendo a patinar, subieron cada uno a la categoría correspondiente (benjamines y prebenjamines) en la arriesgada apuesta de la directiva (voluntaria) de empezar a competir a pesar de las pocas expectativas. Al acabar la temporada, los benjamines han perdido todos los partidos, todos, y además la mayoría por palizas que desmoralizarían al más moralizado: 10-0, 14-1, 9-2, resultados así. La única vez que tuvieron opciones fue contra los penúltimos, que solamente les han ganado a ellos. Los prebenjamines se han alzado con la victoria en dos partidos, uno de ellos amistoso, y han perdido también por resultados contundentes. Algunas veces, algún niño o niña se ha enfadado durante el partido, frustrado por el resultado, pero se les pasa rápido. Contrariamente a lo que yo temía, terminan los encuentros contentos, preparando su cántico detrás de la portería y yendo a saludar al contrario. Y en el vestuario charlan y se ríen mientras se duchan. Empiezan a sudar solamente ponerse la equipación: patines, calcetín largo, girdles (que son protectores para el culo y el paquete), camiseta interior, petos, camiseta del equipo, fundas (pantalón largo), guantes gruesos y casco. Sudan tanto que hay que ayudarles a quitarse la camiseta empapada. Cuando llevaban un tercio de la temporada, viendo que patinar no acaba de ser lo suyo y estaba algo atrás respecto al resto del equipo, el mayor de mis hijos decidió probar de portero y se le da bastante bien. El otro marcó su primer gol durante el amistoso, a final de temporada. Los totales de goles en contra y a favor en ambos casos son de más de cien en contra para poco más de diez a favor.

Pero ninguno ni ninguna se ha desmotivado, no se han rendido, no han parado. Siguen yendo contentos y contentas a entrenos y a partidos, donde además se les ve a todos y todas nerviosos. Para mis hijos y, creo que no me equivoco si hablo en nombre de casi todos los demás jugadores, niños o niñas, el hockey en línea ha sido algo más para ellos que simplemente hacer una extraescolar: ha sido encontrar amigos y amigas nuevos, ha sido sentirse acogidos en un deporte de equipo con un ambiente sano (incluso ante los gritos espartanos: ahú, ahú, ahú), ha sido adquirir unos hábitos de autonomía y también de entender que todos tienen que jugar, un deporte que les cansa tanto que sin los suplentes sería imposible acabar, en que si al portero le marcan diez nadie se enfada, en que si se fallan goles cantados o se dejan el puk atrás, nadie se ríe (salvo algunos niños de un equipo, algo mal educados, que les llamaron malos, como si ellos hubieran nacido sabiendo jugar). Lo han dado todo contra equipos que llevan años como equipo, años patinando, equipos de 14 jugadores contra los 6 de los benjamines (sin algunos prebenjamines que ayudaban no se habría podido jugar). Cuando el portero de los prebenjamines se frustra por la tunda que les están metiendo y se cabrea, los demás van a apoyarle, el partido se para si es necesario. Eso no pasa en muchos deportes. No sé en los otros equipos de esta liga, pero en el nuestro, en el suyo, no ha priorizado el resultado, sabiendo de dónde venimos (de la nada), sabiendo que si ellos y ellas no están contentos no tiene ningún sentido competir.

Para rubrica, se ha formado un buen ambiente entre los padres y las madres que hace que, unos más otros menos, nos sintamos también miembros del equipo (a pesar del día en que intentamos el cántico pirata y nos pidieron que no lo hiciéramos más). Nosotros y nosotras sufrimos viéndoles caer derrotados de esa manera y sí, claro que no les gusta perder así, pero la deportividad con la que se lo toman, lo rápido que se ponen a divertirse entre ellos y ellas es admirable. Sí, a uno le han expulsado más de una vez porque se va encendiendo durante el partido, a otra se la ve enfadada después de algún encuentro porque lucha con tanta vehemencia que acaba extenuada y le parece injusto. Pero ya está.

Yo lo pasé mal también cuando veía que mi hijo mayor patinaba peor, por falta de práctica anterior y de algo de habilidad, imagino, que el resto del equipo y no entrenaba con ellos al principio, me quejé e hice aquello que hacemos algunos padres y algunas madres de preparar la caballería. Pero no hizo falta, la forma en cómo los entrenadores y los gestores lo han llevado, visto ahora, me hace estar contento de que jueguen a este deporte y en este equipo. Y si un día lo dejan, pues eso que se habrán llevado. De momento, el curso que viene, más. Así que: ¡un, dos, tres: hockey línia, Premià!

Los Benamines (10 y 11 años): Claudia, Víctor, Iu, Alejandro, Roger y Jan.

Los Prebenjamines (7, 8 y 9 años): Lola, Aina, Paula, Gisela, Axel, Carles, Eduard, Eloi, Mateu, Pau y Carla.