Solo los que se mueven sobreviven

11.06.2019

Martes, 11 de junio de 2019

Voy a escribir esta columna sin pararme a pensar, sin detenerme a comprobar si está bien escrito, lo haré tecleando a mi ritmo rápido de años de práctica frente a las letras dispuestas en un orden concreto por vete tú a saber quién y en base a qué supuestos prácticos o teóricos, este teclado llamado Qwert porque son las cuatro primeras letras de la fila superior empezando por la izquierda. Voy a escribir esta columna de un tirón, en parte por falta de tiempo y en parte como ejercicio de estilo, o literario o simplemente como ejercicio mental, puesto que escribir es esto, es como pensar en voz alta, yendo un paso por delante tu cerebro de lo que van tus dedos, a cada frase que escribes ya estás pensando en la que vendrá después. Y es que como dice el personaje que interpreta Brad Pitt en la que para mí es una de las mejores películas apocalípticas que hay (creo que eso ya lo dije en otra columna), que es World War Z (Marc Forster, 2013), "Solo los que se mueven sobreviven". A pesar de que él la usa en un momento concreto, creo que es una metáfora de la vida, un mensaje más allá de la necesidad de huir de los contagiados por el virus que asola el mundo y se esparce a velocidad de vértigo. Es una frase que se puede usar para todo: el trabajo, el amor, el dinero, la amistad, la familia y muchos etcéteras o uno de muy largo (nunca me ha gustado la expresión de "un largo etcétera", imagino un etcéééééééééééteeeeeraaaaaa) o parecido. Porque sí, vemos a supervivientes sentados en sus puestos de trabajo de 20 o 30 o 40 años, seguros por un sueldo fijo, agrandando el culo o deformando alguna de sus extremidades con las que pulsan botones, aprietan palancas o colocan papeles en ficheros; pero no son supervivientes, son muertos vivientes, incapaces de ver más allá de lo que ya tienen (suena a una crítica dura, seguramente, vedlo como la metáfora que es y que nadie se me ofenda, aunque si se me ofenden pues tendrán más faena ellos que yo, os lo aseguro). No he aguantado en un trabajo más de seis años, tengo que acabar yéndome, me canso, me siento estancado, me aburro. Lo único que no me aburre es escribir, pero no puedo considerarlo un trabajo, es un placer, aunque quizá algún día lo sea y ya veremos qué pasa. La cuestión es moverse, ir cambiando. Admiro la tendencia de algunas personas, la mayoría jóvenes, a vivir una vida distinta a la que teóricamente se ha planteado como segura: trabajan unos meses y ahorran para, los siguientes irse de viaje, ver mundo sin necesidad de tener mucho dinero. Yo no hice esto, yo me fui encontrando con cosas y las tomaba o las dejaba. Ahora me arrepiento y a mi edad pienso que me queda tanto por ver, tanto por hacer, que trabajar es una molestia, no por pereza o porque no me guste lo que hago, sino porque creo que lo que me estoy perdiendo al pasar ocho o siete horas de asalariado es mucho, yo quiero más que repetir ciertas monotonías o conductas, necesito que de vez en cuando todo se mueva. Una vez me acomodé y fue terrible, tengo ahora la sensación que durante ese tiempo el mundo se movía pero yo no, yo estaba estático, mirando cómo pasaban nubes, montañas, estrellas y calles. Cuando te has acomodado cualquier movimiento brusco te da miedo, parece que no vas a poder mantener el equilibrio si de repente te levantas de tu silla y te pones a andar, aunque sepas a dónde vas; hasta que el dolor en el coxis de tanto tiempo sentado es insoportable y te vas inquietando y decides que vale, que te levantas y te pones a andar y por sorpresa descubres que tantos miedos eran infundados, no era miedo a lo que vendría, era miedo a lo que dejabas atrás. Y dicen que cuando uno sabe dónde va los demás se apartan, no en plan ojo que pasa el rey, sino que tu andar es decidido y tus pasos firmes. Es cierto, cuando sabes dónde vas los demás se apartan. Una vez tú empiezas a generar movimiento, como si fueras el más pequeño de los engranajes de un reloj gigantes, a tu alrededor todo se empieza a mover también y ves que no era que todo se moviese y tú no, sino que habías generado falsamente la percepción de movimiento para no morir de inapetencia, de hastío, de sopor. Y sobrevives, porque te has movido, y antes eras un zombie. Ahora andas, o bailas, o saltas y todo se mueve al ritmo en que lo haces tú, y es una sensación agradable, de empoderamiento, de tener el mundo, tú mundo, en tus manos. Oh, no es un mensaje de estos que tanto triunfan en algunas redes de ser feliz y de autoayuda, yo he necesitado un proceso larguísimo para entenderlo y lo mío me ha costado, pero ahora me muevo y volver a sentarme me parece un acto casi soez. Y es que solo los que se mueven sobreviven.