Tampoco hemos aprendido tanto

17.11.2019

Me sitúo, metafóricamente escribiendo, en un punto de inflexión que se va alargando en el tiempo, un chicle estirado por un dedo índice de una mano que no sabe si es infantil o ya no. El punto corre el riesgo, si se sigue estirando, de convertirse en una línea recta y de perder de vista la asíntota de la que viene y de seguir teniendo siempre igual de lejana la asíntota a la que va, dejando así de ir a alguna parte. La sensación de que se viene de algo importante y de que el ahora es el paso obligado entre el antes y el después, mera formalidad que se pierde en pro de la burocracia, una burocracia constituida por trámites imaginarios y vuelva usted mañana dichos frente al espejo.

Si viniera de una asíntota ascendente y fuera hacia otra, podría decir que estoy cansado y que necesito un tiempo de descanso, y esto es probable, no lo niego. Un punto de inflexión, término que me es familiar, casi como un primo, por la de veces que le he usado cómo símil, y me pregunto si no estará ya harto de mí, es, para las que no estén avezadas a ello, un concepto geométrico que define punto de una curva en el cual se produce una modificación del sentido de su curvatura. Dependiendo de la cómo fuera la curva antes, el punto implicará una mejora, un empeoramiento o la continuación, con un cambio apenas visible, de una tendencia ascendente o descendente.

Hecha la definición, el mejor punto en el que encontrarse es aquel en el que se proviene de una recta y se está a punto de empezar a subir. Este gráfico muestra tres de los puntos posibles: se iba hacia arriba y se empieza a caer; se sigue la tendencia hacia abajo (o hacia arriba) pero con un ligero cambio de velocidad de caída (o subida) o se estaba cayendo y se empieza a subir. Creo que si digo que podemos estar todas (las personas) de acuerdo en que la vida es como la curva del gráfico anterior, llamada curva sinusoidal, no erraré demasiado. La vida es un sinfín de subidas y bajadas, de tendencias a estar en las que de repente sucede algo que invierte la tendencia y pasamos a estar bien, sabiendo que no durará para siempre. Nadie está permanentemente cayendo o subiendo, tampoco en una aburrida, pero estable, línea recta. Esto demuestra, en esta teoría patillera que me estoy sacando de la manga del jersey una mañana de domingo, que tampoco hemos aprendido tanto. Nos levantamos, chocamos, caemos, chocamos, nos volvemos a levantar. Si hubiéramos aprendido tanto iríamos para arriba, constantemente estaríamos mejorando, seríamos una asíntota vertical ascendente que se proyecta hasta el infinito. Si no aprendiéramos nada, habríamos traspasado ya los infiernos y nos precipitaríamos en una asíntota vertical descendiente hasta el fondo de un abismo sin fondo.

Sí, sí, ya me sé la canción: de cada caída se aprende. Aquello de lo que no aprendes algo, no sirve para nada. Los contenedores de basura están llenos de cosas de las que no aprendimos nada, pero no pasa ningún camión a recogerlas, se van acumulando hasta llenarlo todo, si es que no aprendemos a aprender algo, que también sería otra cuestión.

Lo que está claro es que la cuesta hasta la cima no sirve para nada si no la subes tú mismo, y el descenso y la posterior castaña tampoco si debajo has puesto colchones. Me estoy desviando. El tema es que este punto de inflexión apunta a que hay un cambio de tendencia y en plan autoayuda y mensajes zen, ying y yang y Adler y Jung, creo que esa tendencia la marcas tú misma según lo que hayas reflexionado/aprendido/decidido en cada punto de inflexión. Sí, claro que influyen otros factores, otras personas, pero en el fondo cada decisión es individual. No basta con mirar hacia arriba para empezar a subir, ni tomar mucha carrerilla te asegura llegar más alto. Igual que mirar hacia abajo no es garantía de que vayas a caer, aunque te da más números.

Llega un momento, sin embargo, que te cansas del punto de inflexión, de mascar el chicle que has ido alargando, cada vez con menos sabor y cada vez más áspero y duro. ¿No habéis masticado nunca un chicle hasta que se os ha deshecho en la boca? Es una de las sensaciones más desagradables que conozco, y eso es lo que pasa con la acomodación en el punto de inflexión, pero en lugar de deshacerse, se convierte (si decides quedarte ahí por miedo a caer o por que la subida aparente tener demasiada pendiente) en una recta infinita.