The Man in the High Castle

28.09.2020

Es curioso que, hasta que no aparece una idea mejor, es muy posible que la idea que teníamos nos pareciera muy buena. Sin embargo, cuando esa idea mejor aparece, de repente la que teníamos ya no lo es tanto. Esto, que es una especie de metáfora de la vida, se aplica también para El hombre en el castillo (The Man in the High Castle).

Esta serie, creada en 2015 por Frank Spotnitz, nada más y nada menos que uno de los productores y guionistas de The X-Files (Chris Carter, 1994-2002; obviando las temporadas olvidable 10 y 11, rodadas y emitidas bastantes años más tarde), se basa o mejor dicho está inspirada en la novela del mismo título escrita por el gran Philip K. Dick (autor de los relatos que dieron lugar a Blade Runner y Minority Report entre otros) en 1962, en la que se nos plantea un mundo en el cual la alianza entre nazis y japoneses ganó la II Guerra Mundial y el mundo se divide en los estados dominados por el imperio del sol naciente y los estados dominados por Hitler, en un precario equilibrio de poder. Todo empieza, según la novela, hecho que no se refleja en la serie, con el asesinato de Roosevelt en 1933, de manera que los Estados Unidos no participan en la gran guerra ya que siguen sumidos en una enorme depresión económica. La serie, como suele ocurrir, se toma alguna libertades respecto al original en libro, por ejemplo:

  • En la serie el hombre en el castillo hace películas sobre un mundo alternativo; en el libro el hombre escribe, precisamente, libros.
  • En la serie Juliana Crain es la protagonista femenina, en el libro es un personaje más.
  • En la serie, John Smith es el protagonista masculino, personaje que no sale en el libro.
  • En el libro el Reino Unido tiene un papel clave, en la serie no sale apenas.
  • En la serie aparecen mundos paralelos que Philip K. Dick solo nombra en el libro escrito por el Hombre en el Castillo.

Pero esto es anecdótico a no ser que seamos unos puritanos, que no es el caso.

Así pues, The Man in the High Castle (como siempre, recomiendo ver las series en versión original subtitulada) parte de unos Estados Unidos ocupados por los nazis en la zona este y por los japoneses en el oeste, habiendo una zona neutral en medio, tierra de nadie. La aparición de unas películas en las que se muestra un mundo en el que una alianza entre el Reino Unido, Rusia y Estados Unidos derrota a los nazis, películas muy realistas que nadie sabe de dónde salen, provocan por una parte la obsesión nazi por acabar con ellas y por otra el crecimiento de la esperanza en la escasa y casi derrotada resistencia al régimen de Adolf Hitler y del Emperador del Japón. Poco a poco, en un abanico reducido y bien elegido de personajes que representan diferentes percepciones: los nazis, los japoneses, los rebeldes, los neutrales... La serie va desarrollando el mundo ocupado, las tramas internas en cada imperio de ocupación, las luchas interiores de cada personaje.

Los protagonistas de la serie, aunque hay unos cuantos, se centran en dos: Juliana Crain, interpretada por Alexa Davalos, una actriz francesa que no acabo de entender a qué se debe su hasta esta serie limitada trayectoria; y al otro lado el Obergruppenführer John Smith (en mi opinión soberbio Rufus Sewell, actor con larga trayectoria básicamente televisiva) único alto cargo del Reich que no es de origen alemán. Son las dos caras opuestas de la moneda, némesis el uno de la otra, la una del otro. En medio, una serie de secundarios destacados como Frank Frink (Ruper Evans), pareja de Juliana; Ed McCarthy (DJ Qualls), mejor amigo de Frank; el comerciante Robert Childan (Brennan Brown), el inspector de la policia japonesa Kido (Joel de la Fuente), el ministro de comercio nipón Tagomi (Cary-Hiroyuki Tagawa) y el espía nazi Joe Blake (Luke Kleintank), junto, claro está, al Hombre en el Castillo (Stephen Root).

Juliana Crain, interpretada por Alexa Davalos
Juliana Crain, interpretada por Alexa Davalos

Decía al principio que una idea nos parece buena hasta que aparece otra mejor y que eso tenía dos vertientes: la primera es lo que sucede en la serie, si solo conoces lo que dicen los que son como tú, puedes estarte perdiendo lo mejor; y la segunda vertiente es que si no has visto The Man in the High Castle, puede que dieras por muy buenas series en que realidad no lo son tanto. Porque The Man in the High Castle me ha parecido una de las mejores series que he visto nunca, y he visto muchas.

Para empezar, la producción es prácticamente impecable. Ambientada en los años 60, recrear un mundo dominado por fanáticos totalitarios tenía que hacerse con precisión: las lámparas con símbolos nazis, los distintos uniformes, San Francisco convertida en una ciudad dominada por la Kempeitai (policia militar del ejército imperial japonés) por una banda y por la yakuza (mafia japonesa) por la otra; Nueva York siendo la sede principal en el Este del Gran Reich Americano; hasta el más mínimo detalle está contemplado y no pasa desapercibido. Así pues, vestuari, atrezzo y fotografía acompañan de maravilla a un guión complicado, de idas y venidas, cambios de bando, giros de guión y el ligero, al principio, toque de ciencia-ficción de los mundos paralelos, que cobra importancia a medida que la serie avanza, pero nunca le hace sombra a la trama principal de la serie. Y ya he avisado que no soy puritano, así que el equipo de guionistas haya metido al personaje de John Smith y lo convierta en uno de los dos pilares de la producción, es muy acertada. Es un personaje tremendamente complejo y, como decía, la interpretación de Rufus Sewell me parece muy buena, mostrando una evolución que no experimenta ningún otro personaje, con unos claros y sombras que te hacen dudar constantemente de su papel y lo vuelven imprevisible, pero totalmente coherente. La evolución también de Juliana Crain, Joe Blake y la lenta aunque irremediable del jefe Kido.

Obergruppenführer John Smith, interpretado por Rufus Sewell
Obergruppenführer John Smith, interpretado por Rufus Sewell

La primera temporada, impactante por ver ese mundo, los cambios que van sucediendo y por cómo cuesta situar a los personajes debido a esa dualidad constante te hace entrar en una serie de aquellas que ya no existen, en las que si te pierdes un pequeño diálogo, tienes que volver atrás, porque cada línea es importante para la trama, no hay nada sobrante, no hay paja ni relleno. En la segunda, cuando ya crees tener a los y las protagonistas colocados, los conflictos internos de cada facción y los internos de cada una y cada uno te mantienen enganchado y en constante expectativa de a qué viene aquello, porque sabes que viene por algo. Solo Kido, frío, hermético, impasible, se sale un poco de todo este amalgama espinoso. Cierto es que la tercera empieza más floja, se han desvelado algunas cosas, se han roto alianzas y, sobretodo, estereotipos (pues no los hay) en la anterior y el listón estaba muy alto. Sin embargo, en el quinto capítulo sucede algo que lo cambia todo, algo que hace Juliana. La tercera sirve también para despedir a personajes que han sido importantes hasta ahora, pero que de continuar sí resultarían sobrantes, y aparecen sus relevos, que nada tienen que envidiar a los precedentes. En la cuarta, tan buena o mejor que la primera, todas las cartas están sobre la mesa y el duelo interno de John Smith, junto con el duelo que mantiene con Juliana, más el protagonismo ganado por Helen Smith (también magnífica Chelah Horsdal, el cierre de las tramas de personajes secundarios y un final relativamente abierto, digo relativamente porque cuesta imaginar una 5ª temporada (que ya sabemos que no la habrá) atendiendo a lo que ocurre; todo eso hace que acabes de verla y tengas, o tenga yo, la convicción, de que costará encontrar otra serie que esté a la altura. No es recomendable, es imprescindible.