Upload (1 temporada)

27.05.2020

Raramente visito la plataforma de Amazon Prime para ver series o pelis, las veces que lo he hecho he encontrado poco o lo que he encontrado no me ha convencido, pero advierto que soy malo buscando, así como encontrando (supongo que es una consecuencia lógica, menos para las personas con una flor en el culo que encuentran lo que no sabían que buscaban, o algo así). Después de tantas semanas de confinamiento, cuando Netflix y Disney no me mostraban nada que me llamara la atención, me puse en Amazon y escribí: ciencia ficción, un género que suele entretenerme bastante y que me llevó, hace unas semanas, a la brillante Tales from the loop, de la que ya hablaré en breve. Esta vez, el buscador me llegó a la irregular Upload, serie norteamericana creada por un tal Greg Daniels, guionista de muchas series anteriores, la mayoría totalmente desconocidas para mí.

Upload nos cuenta la historia, no demasiado original en ciencia ficción, de un futuro en el que, una vez muertos, nuestra conciencia, nuestra mente, puede ser guardada en un mundo virtual, de manera que pasamos a ser, de alguna forma, inmortales. En esta ocasión, diferentes corporaciones y empresas copan el mercado, reservado a los ricos, para hacer esto y el protagonista de la serie, un chico joven, guapo y brillante llamado Nathan (Robbie Amell, protagonista y secundario en varios proyectos televisivos), muere de forma extraña y su novia, en apariencia superficial, Ingrid (Allegra Edwards, con cierta carrera también en televisión), rica, le paga su upload más caro y lujoso. Allí, en un teórico paraíso eterno, Nathan descubrirá varias cosas que marcaron su muerte, a la vez que conoce y, claro, se enamora, de su "Ángel", la persona que trabaja en la realidad atendiendo sus necesidades virtuales, la joven Nora (Andy Allo, actriz con una carrera flojilla hasta ahora, que se entiende viéndola actuar).

Visto el argumento, la serie se pierde en detalles bastante insustanciales, que podrían resultar graciosos, pero están hechos con relativa torpeza. Por ejemplo, en un mundo virtual eterno, podrían aparecer innumerables personajes interesantes, pero todos o casi todos los secundarios de esta primera temporada no tienen ninguna gracia y su papel es prescindible completamente; se podría jugar con esa virtualidad infinita de forma imaginativa y creativa, pero es sosa y tan limitada (seguramente por un presupuesto también limitado o por un equipo de guionistas en horas bajas) que en dos capítulos ya lo tienes aburrido. A pesar de que tanto Robbie Amell como Allegra Edwards, que al principio no entran ni con calzador, poco a poco se meten en sus personajes y te acaba gustando como lo hacen, a mí el personaje de Nora me sobra casi des del minuto 1, y eso que es la protagonista femenina. Creo que parte de la culpa, por llamarlo de alguna manera, de eso, se debe a que la actriz que la interpreta es como el paisaje del mundo de los muertos: soso y limitado. En su defensa, decir que quien haya creado el personaje tampoco se ha lucido. Nora es ñoña, cursi, un cliché de lo que teóricamente es ser buena persona, afectada, la nuera tópica que se diría que todas las madres tópicas quieren para sus hijos tópicos, o sea: aburrida a más no poder. Y claro, que la protagonista sea así, no ayuda en nada. Que el personaje de Ingrid acabe siendo mucho más atractivo a nivel creativo que ella es una señal importante. Otros personajes secundarios, salvando a la jefa de Nora que tiene cierto encanto, son triviales y más flojos que el papel de fumar.

La trama, más allá del enamoramiento entre Nora y Nathan, más allá de que Nathan se convierte de alguna forma en propiedad de Ingrid, trata también la razón por la que Nathan ha muerto, pero que en toda una temporada se avance tan poco en esto, con escasos destellos puntuales lentos, convierte a la serie, en general, en desangelada, monótona y en la que vas esperando un giro que no llega, una chispa que no chispea, un fuego que no se enciende. El final de esta primera temporada, aporta algo de esperanza, pero visto lo visto, tiene números de quedar guardada, al menos en mi lista, en un rincón.