Virófagos

13.03.2020

Cerrad las fronteras, colocad barricadas, encended hogueras, cargad los fusiles y abrid las cajas con las granadas, situad francotiradores, abasteced de víveres y elementos de primera necesidad a los civiles, pegad carteles de advertencia y de consejos. El fin del mundo se acerca, ya asoma por la esquina, tan imposible que parecía. La ciudad está cerrada, sitiada por dentro, que la muerte no encuentre salida. No visitéis a vuestros ancianos y ancianas, que sigan muriendo solos en los cementerios de elefantes a los que les habéis confinado; no os deis la mano, mantened la distancia en una sociedad fría y sin escrúpulos; el mundo occidental muere. Una amiga mía me escribía ayer desde Igualada para explicarme que les habían confinado, nadie puede salir de la ciudad. Una ciudad de 40.000 habitantes más los que habitan en pueblos cercanas, que suman 25.000 más. Mientras tanto, en el principal foco de coronavirus del país, Madrid, eso no sucede y los aficionados de un equipo de fútbol se pasean por Inglaterra sin que nada se lo impida. Entiendo que es mucho más difícil cerrar Madrid que Igualada, pero...

La televisión y el cine están llenos de series y películas sobre virus mortales y también confinamientos. El cierre de Gran Bretaña en la magnífica 28 días después (Danny Boyle, 2002) y su secuela, también magnífica, 28 semanas después (Juan Carlos Fresnadillo, 2007); la serie de Netflix Between (Michael McGowan, 2015) que en su momento pasó desapercibida en la que un pueblo queda totalmente aislado, como ocurre en la película de The Simpsons Movie (David Silverman, 2007), en la que sitúan una bóveda de cristal gigante para sitiar Springfield. Estallido (Wolfang Petersen, 1995), que nos habla del ébola, Flu (Sumg-su Kim, 2013) sobre una supuesta cepa de la Gripe A y etcétera; sin olvidar las películas sobre virus que nos transforman en muertos vivientes destacando la soberbia World War Z (Marc Forster, 2013) o en perros rabiosos (Rabia, de David Cronenberg, 1977).

Oía ayer por la radio que la pandemia del coronavirus es el mayor desafío sanitario al que se ha enfrentado nunca occidente, esto es: Europa y América del Norte. Yo he dejado atrás ya mi teoría de que esto es una patraña para enriquecer a las farmacéuticas, que de repente los gobiernos comprarían millones de vacunas, las farmacéuticas se forran y las vacunas se tiran a la basura. El sector farmacéutico es el segundo lobby más poderoso del planeta, por detrás del armamentístico. Qué jodidamente triste. Qué triste que quien fabrica y reparte armas, hechas para matar, sea el más poderoso y que quien fabrica y vende productos para la salud, se aproveche de ello para hacerse inmensamente rico. Recomiendo mirar El jardinero fiel (Fernando Meirelles, 2005), película que denuncia precisamente a este lobby. Cómo decía, que tengo tendencia a desviarme, he dejado atrás mi teoría conspiranoica (pero es que me encantan) y tengo ya asumido que esto va en serio; no se paralizaría prácticamente a todo el sistema si no fuera así, la economía hace mucho que es más importante que la salud. Salud, amor y dinero, ¿os acordáis?, en teoría las tres patas del taburete que te permite alcanzar la felicidad. Plantar un árbol, tener un niño, escribir un libro, no morir por un virus mutante.

Un virus es un "microorganismo compuesto de material genético protegido por un envoltorio proteico, que causa diversas enfermedades introduciéndose como parásito en una célula para reproducirse en ella" (copiado literal del diccionario). Hay virus que infectan a otros virus, los virófagos, caníbales microscópicos. El primer virus conocido, descubierto en 1899, fue llamado virus del mosaico del tabaco. Entonces, sin embargo, no se sabía que aquello era un virus, pues este concepto no existía todavía como lo que conocemos ahora (si en otro concepto, pues virus viene del latín). Sin embargo, se dice que los virus han existido desde siempre. ¿Por qué son tan importantes y malotes? Pues porque están compuestos de ADN y por lo tanto tienen una capacidad de reproducción y de mutación espectacular, así como de transmisión, puesto que todo lo vivo está hecho de ADN, pueden aparecer en cualquier parte, en cualquier ser vivo, y su único propósito, como buenos parásitos que son, es aprovecharse de su huésped hasta destruirlo y esparcirse, multiplicarse, sin parar.

En Matrix (Lana & Lilly Wachowski, 1999), el agente Smith define a la humanidad como un tumor. Yo creo que nos parecemos más a un virus. Se reproduce sin parar, lo ocupa todo, es el parásito de la Tierra, que la va consumiendo hasta que la mate y, entonces, saltará a otro huésped. Y se mata a sí mismo, como los virófagos, cuando la alianza ya no le resulta útil.